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La urgencia de la misión: Que renazca la alegría

DOMUND: Domingo Mundial de las misiones Mateo 28,16-20 Un día iba Mafalda corriendo muy de prisa en el parque con un rehilete en la mano, y ¡tump!, se cayó. "¡Cómo me puse!...", dijo mientras se contemplaba toda sucia por delante y por detrás; y enojada concluyó: "¡No se a quién se le ocurre vivir en un planeta que destiñe!" Y luego contó su experiencia a Manolito: "Vas a ver, Manolito", le dijo al tiempo que se agachaba para pasar su dedo índice derecho por el suelo del parque; y luego, enseñándole su dedo sucio le dice: "¿Ves? Lo que te dije: ¡Destiñe!". "Ahí tenés", continuó mostrándole el piso, "nuestro planeta, nuestra vieja tierra, nuestro cacareado mundo resulta que destiñe, ¡qué me decís!..." Respondió Manolito, con resignación: "Que habrá que aguantarlo así, porque vaya uno a saber en qué siglo caducó la garantía." El Papa Francisco, para este Domingo Mundial de las Misiones, nos ha presentado como c...

La boda del hijo del Rey

Mateo 22,1-14 Un día Raquel, la mamá de Mafalda se estaba lavando la cara, y dejó sus lentes sobre un banquito, Guille los vio, se los puso, y comenzó a caminar si ver nada, tanto que chocó con Mafalda, que leía el periódico, la tiró, y ésta lo vio enojada; él se defendió, sin quitarse los lentes: "¿Qué midas? ¿Nunca viste a un intelectual?" No sé si la parábola que cuenta Jesús en el templo de Jerusalén a los escribas y fariseos me deja como a Mafalda, y siento que el Señor me dijera: ¿"Qué, nunca has leído mis parábolas? Pero es que por donde se la mire se trata de una parábola extraña, más que todas las demás.   Un rey que decide invitar a todo el mundo a la boda de su hijo, y sus invitados que deciden no ir. Si me llega la invitación para asistir al Castillo de Chapultepec a la boda de un príncipe extranjero con una joven mexicana, voy porque voy, aunque sea por curiosidad, para ver cómo son las bodas de la realeza. Pero nadie aceptó la invitación, y contempla...

La canción de la viña

Isías 5,1-7; Mateo 21,33-43 Hacia la segunda mitad del siglo octavo antes de Cristo, hacia el 735, quizá frente a la explanada del Templo de Jerusalén, un hombre se pone a hablar al pueblo de parte de Dios. Nació en Jerusalén y nació en la corte, no es un hombre pobre, pero ha reconocido en los pobres el pueblo por el que Dios intervino en la historia, el pueblo para el cual Dios abrió en dos el mar rojo y lo condujo a la tierra de la libertad, el pueblo con el cual Dios firmó una alianza de amor y fidelidad. Nació en la ciudad, pero conocía bien el campo. Yo recuerdo mis tiempos de novicio, yo que había sido niño de ciudad, y de pronto tenía que aprender a cavar la tierra, partir con el machete la basura orgánica para la compota, sembrar alfalfa, podar nochebuenas y observar la luna para saber cuándo debía hacerlo. Isaías nació en la ciudad, pero conocía las viñas, sabía cómo habían de ser cultivadas y cuidadas las uvas para dar al final de un largo tiempo de trabajo y maduración, ...

"Las cosas que no hicimos"

Mateo 21,28-32; Filipenses 2,1-11 Una parábola que cuenta Jesús una vez que ha entrado a Jerusalén, y ha expulsado ya a los vendedores del Templo. Cuando los ancianos y los sacerdotes van a increparlo y a reclamarle con qué ha autoridad ha hecho esto, Jesús cuenta la parábola de dos hijos a los que su padre da una orden, uno dice: "sí, voy", pero no va; el otro dice: "no voy", pero va. Luego pregunta cuál de los dos cumplió con la voluntad del Padre. Ancianos y sacerdotes responden que el segundo. Jesús revira que igualmente publicanos y prostitutas llevan la delantera en el reino de Dios, puesto que ellos, los especialistas en la Ley no creyeron al anuncio de Juan el Bautista. Varias cosas llaman la atención de la parábola. La primera, que el drama de las mamás mexicanas que nos mandan por las tortillas y a las que les decimos "ya voy" y no vamos, tiene raíces bíblicas. La segunda, la incongruencia en la que tan fácilmente caemos los que decimos co...

Hijos del Padre, trabajadores del Reino

Mateo 20,1-16 Esta semana, el pasado viernes 19 de septiembre, los misioneros josefinos cumplimos 142 años de haber sido fundados en la Ciudad de México por el P. José María Vilaseca. Con tal motivo, varios josefinos nos reunimos para celebrar nuestro aniversario. Dentro de la celebración, uno de los padres nos enseñó un cantito que compuso a san José, muy sencillo y muy pegajoso. La letra del coro decía: "Porque fuiste varón justo Dios te amó, porque diste el ciento por uno en tu labor". Yo, que por momentos me siento tan maestro de la sospecha como Marx, Nietzche y Freud, y tengo un cierto prurito por la corrección gramátical, inmediatamente lancé mi cuestionamiento al compañero de al lado: "¿Y si no hubiera sido justo no lo hubiera amado?" "No quieras acabar otra vez con la justicia de san José", me contestó en alusión a mi ponencia en el simposio internacional sobre san José, que se llevó a cabo el año pasado en Ciudad Guzmán, que llevaba el provoca...

Consuelo y fortaleza de los hijos de Dios

Juan 19, 21-25 De repente siento que me habría gustado ser un cristiano convertido. Por supuesto, que no estoy renegando de la fe en que nací y que me transmitieron mis padres. Es sólo que la semana pasada cayó en mis manos un libro breve e interesante, Diez ateos cambian de autobús . Lo  de que cayó en mis manos es en realidad una convencional manera de hablar, pues más bien el libro cayó en mi kindle, mi lector electrónico. Son testimonios de personas que dieron el brinco del ateísmo o más bien de la indiferencia, a la fe en Dios, y particularmente en el Dios personal, bueno y amoroso de la Biblia, encarnado en Jesús. No se trata de personas cualesquiera, se trata de diez personas inteligentes, cultas, de formación universitaria, científica o filosófica que un buen día, algunas veces casi al instante y otras veces de un largo proceso de búsqueda, tuvieron un primer encuentro con Dios. ¿Qué sienten los que son ateos? Un científico estadounidense, Francis Collins, Director ...

El perdón de corazón

Mateo 21-35 Cuando Miguelito estaba comenzando a leer y escribir, la maestra lo llamó al pizarrón, tomó su mano y comenzó a escribir y a leer en voz alta: "m-a, ma". Luego le preguntó a Miguelito: "¿Entiendes, Miguelito?", él volteó a ver el pizarrón, y luego le contestó: "Capisco". Mucha de nuestra vida es así, Dios nos habla en un idioma, pero parece que entendemos en otro. De repente, la misma parábola que contó Jesús a Pedro parece hablar en un idioma distinto al que hasta ahora nos ha hablado.  A raíz de la solicitud que debemos tener por los hermanos de la comunidad, incluyendo a los que han pecado, a partir de la necesidad que tiene la comunidad cristiana de vivir la unidad y de mantenerla a través de la reconciliación cuando la ofensa de alguno la resquebraja, Pedro lanza la pregunta que a todos nos llega alguna vez en la vida: ¿Cuántas veces tengo que perdonar? Y la respuesta de Jesús es una parábola desconcertante. El problema es irnos...