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Mostrando entradas de enero, 2019

Con su estilo y bajo su fuerza

Lucas 1,1-4;4,14-21 Creo que a todos nos ha pasado que hemos llegado al cine y dudamos un momento entre ingresar a la sala o pasar primero al baño; decidimos ir al cine, porque ya está por empezar la proyección; y a los cinco minutos descubrimos —no sin cierto espanto— que no, no aguantamos, así que vamos al baño y volvemos y pensamos que seguro que lo que no vimos no es importante, y resulta que justo en esas escenas que no vimos, se comunicaron las claves para entender lo que sigue. Algo así pasa con esta selección de versículos del evangelio de san Lucas. El liturgista nos puso el evangelio desde el inicio, se fue al baño, y cuando regresó, Jesús ya estaba de regreso en Nazaret, proclamando el texto de Isaías en la sinagoga. Sin embargo, son claves las escenas previas.  Primero, la concepción de Juan. En su misericordia, Dios concedió a Isabel un hijo, cuando parecía que moriría anciana y sin hijos, compadecida por la gente, por haber sido estéril; pero el Señor la reivindi

Como el Rey León. El Bautismo del Señor

Lucas 3,15-16.22-22 Creo todos hemos escuchado alguna vez el sonoro grito con que empieza el musical del Rey León: “¡Nants ingonyama bagithi Baba!” Para más de uno suena a algo así como “¡la cigüeña…!” Y tiene lógica la asociación, más allá de los sonidos. Es Rafiki, el mono chamán, quien abre el musical en el momento del alba, cuando el sol, enorme, redondo, intenso despunta tiñendo el cielo de naranja, mientras la neblina se disipa y los animales de la sabana, los antílopes, las jirafas, el elefante y los rinocerontes salen de todas partes de entre el público y se congregan frente al peñasco que, girando lentamente, se va poniendo al centro del escenario, adonde Mufasa, el Rey León, sube, llevando entre sus brazos, con orgullo a su cachorro primogénito, que será presentado a todos los convocados. Será Rafiki la encargada de los rituales de bienvenida y de levantarlo muy en alto frente a todos, para que todos lo reciban como al hijo del Rey. Es emotiva y muy emocionante, desde el

El cuarto Rey Mago y el otro cuarto Rey Mago

Mateo 2,1-11 La mañana del seis de enero, Mafalda entró como torbellino al cuarto de sus papás, gritando como loca desquiciada: “¡Los Reyes! ¡Llegaron los Reyes!” En cuanto pudo reaccionar, el papá exclamó: “¡La Revolución Francesa es un poroto comparado con lo que en este momento pienso de la monarquía!” La verdad es que en torno a los personajes de los Reyes Magos hay mucho de leyenda; es como el teléfono descompuesto. De ellos hicimos reyes, de su ciencia astronómica hicimos magia; les dimos tres nombres y les adjudicamos tres procedencias diversas y, en consecuencia, diferentes colores de piel.  Lewis Wallace comienza su célebre novela  Ben Hur  con el encuentro de los tres sabios: Gaspar, de Grecia; Melchor, de la India; y Baltasar, de Egipto. Los tresse presentaron contando sus historias; cómo fue que ni la sabiduría ni el determinismo de sus diferentes pueblos saciaban la sed de su corazón, así que, movidos por el Espíritu de Dios, se pusieron en camino en busca del Salva