Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de agosto, 2013

El lugar de Dios

Lucas 14,1.7-14 (Lucas 14,1-24) Aparentemente estamos ante una enseñanza de tipo sapiencial de Jesús, algo así como las moralejas de las fábulas. Pero creo que estamos en el centro de una discusión mucho más profunda. Porque en primer lugar, no estamos ante una escena en la que Jesús se le haya ocurrido dar una lección en torno a la humildad. Más bien estamos frente a una escena de debate donde lo que está en juego es el actuar mismo de Dios. Y si como decían desde antiguo los filósofos, al hacer precede el ser, o el hacer se deriva del ser, entonces estamos asistiendo a un debate sobre el ser mismo de Dios. La liturgia nos presenta sólo una breve selección de una escena mucho más amplia. Todo comienza cuando Jesús entra a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y era un sábado. Había otros fariseos más, y todos estaban acechando a Jesús. Frente a él había un enfermo de hidropesía, y Jesús lanzó una provocadora pregunta: "¿Se puede sanar en sábado, o no? Se quedar

Los que se salvan

Lucas 13,22-30 Una escena que tiene lugar mientras Jesús va de camino a Jerusalén. Alguien le pregunta por el número de los que se salvan. Me imagino que en aquel ambiente de expectación mesiánica, donde la llegada Mesías estaba asociada al fin del fin del mundo, era muy parecido al de nuestros días, en los que hay gente que creído de verdad en las diferentes fechas que se le han puesto al apocalipsis final, la última apenas el pasado viernes 23, según las profecías del ruso Rasputín, que no por nada es el prototipo del monje loco. A más de uno en estas circunstancias se le habrá venido a la mente la pregunta por el número de los que se van a salvar. La pregunta en sí es todavía más particular. No le preguntan a Jesús cuántos son los que se van a salvar, así que no vale la apocalíptica respuesta de 144 mil. Le preguntan si son pocos los que se salvan. Para dar una respuesta correcta y educada, Jesús sólo tenía que decir "sí" o "no", pero Jesús no dijo ni &quo

El Fuego de Jesús

Lucas 12,49-53 "¡He venido a traer fuego a la tierra, y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!" Yo recuerdo que hace algunos años, para el encuentro de la Familia Josefina, el encuentro que tenemos hermanas josefinas, misioneros y laicos josefinos, se tomó este pasaje del evangelio, con el lema: "El fuego que inició en Nazaret", y en el cartel publicitario se veían al fondo unas grandes llamas de fuego, y sobre ellas, creo que en la esquina superior izquierda, las fotos de la Madre Cesarita y del Padre Vilaseca, y a mí me parecía más bien una especie de invitación a rezar para sacarlos del purgatorio. Porque en nuestro imaginario religioso tenemos asociada la imagen del fuego con la purificación; y la purificación, con el castigo. En el evangelio de san Lucas, Juan el Bautista amenaza con el fuego; los discípulos rencorosos que no fueron bien recibidos en Samaria querían hacer llover fuego del cielo para castigar a los samaritanos. Aquí podemos hacer caso a

Rebaño de Jesús

Lucas 12,32-48 Un día en casa Mafalda buscó a su papá, y lo encontró pegado a la radio, escuchando angustiado y tembloroso el partido de futbol; de ahí se fue al cuarto de su mamá, y la encontró con los tubos en la cabeza y el peine en la boca tratando afanosamente de conseguir un peinado; Mafalda fue a sentarse a un rincón de la casa, y con cara de desilusión se dijo: "A veces me pregunto si estoy en buenas manos." A diferencia de Mafalda, a nosotros Jesús nos invita a la confianza y nos transmite una seguridad impresionante: "No temas, rebañito mío, porque tu Padre te ha dado su reino." Aunque la realidad, a veces absurda en que vivimos parezca decir lo contrario, más en estos tiempos en que los grandes delincuentes pasan de la cárcel a sus casas y a nuestras calles, hoy tenemos que fortalecer nuestra fe en que estamos en las manos de Dios, somos hijos del Padre y rebaño del Señor. Más aún, hemos de creer que el Reino Dios se nos ha dado; somos portadores

Vida y dinero

Lucas 12, 13-21; Salmo 90 (89) Una escena bastante interesante y espinosa, que trata sobre el tema del dinero y de las herencias; un hombre que quiere que Jesús sea el mediador entre él y su hermano en la repartición de una herencia; la respuesta de Jesús es triple. Primero, una advertencia contra la avaricia, pues, "aunque se nade en la abundancia, la vida no depende de las riquezas"; segundo, una parábola, la historia de un hombre rico que al cabo del tiempo comenzó en pensar en ampliar sus graneros para almacenar sus cosechas y sus bienes, y por fin dedicarse al descanso, a la comida, a la bebida y a la diversión, con lo que no cuenta es con la voluntad de Dios, que lo llama "torpe", "insensato", y asegura que esa misma noche morirá. La tercera parte de la respuesta de Jesús no aparece ya en lo que escuchamos, ni lo escucharemos en el próximo domingo, y es una invitación de Jesús a sus discípulos a no preocuparse de lo material, no lo que se va a com