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Mostrando entradas de enero, 2017

"Aquí no es así": las bienaventuranzas

Mateo 5,1-12 Algún día del año 2014, caminaba yo de regreso a la parroquia, por Díaz Mirón, y al pasar por la alameda me llamó la atención un enorme letrero que decía: "Carpa Ivanova"; "Ivanova, pensé yo, como la esposa de Cantinflas". Nunca me enteré que nuestra colonia era uno de los escenarios del rodaje de la cinta Cantinflas, que narra la biografía del actor mexicano nacido en la Ciudad de México, algunos dicen que en nuestra colonia, el 12 de agosto de 1911, y fallecido el 20 de abril de 1993. Mucho menos me enteré que la cinta era polémicamente protagonizada por un actor español, al que yo admiro tremendamente por su personaje "Alfredo", protagonista de Noviembre , que trata del teatro alternativo. Por supuesto que vi la película en el cine tan pronto se estrenó. A mí me gustaron mucho, tanto la película como la actuación de Jaenada, pero vale decir que no soy ni con mucho crítico de arte; la disfruté de principio a fin. Recuerdo particularmente

"Algo que me alivie un poco más"

Mateo 4,12-23 Cualquiera que guste del buen cine mexicano, recordará sin duda La dictadura perfecta , del año 2014, escrita y dirigida por Luis Estrada y protagonizada por Damián Alcázar, en la que se nos cuenta la historia del Gobernador Carmelo Vargas, su manejo de la política, y la campaña orquestada por una televisora para encumbrarlo en la presidencia de la República. Amén de todo lo que en la película pueda reflejar el mundo de la política nacional, lo que ahora me hace recordar la película es lo que se podría llamar el "detrás de las cámaras" de los políticos de la cinta: aquellas escenas en la que fuera de las cámaras y de la presencia de la prensa, los políticos muestran lo que de verdad piensan de sus gobernados, los verdaderos valores e intereses que persiguen, lo que de verdad hay detrás de cada una de sus palabras y de sus acciones como figuras públicas.  Esta semana nos enteramos de un crimen contra la humanidad: el de los políticos de Veracruz que se emb

¡Nos vemos allá abajo!

Juan 1,29-34 Pasó en Francia, al término de la Primera Guerra Mundial. Pasó en una novela, Nos vemos allá arriba , de Pierre Lamaitre, pero pudo haber pasado en México, por ejemplo, en cualquier momento, en la vida real. El Gobierno de la República Francesa decide recuperar los cuerpos de los soldados muertos en el frente de batalla, enterrados ahí donde murieron, y llevarlos a alguno de los varios comentarios habilitados especialmente para ellos, recintos que al mismo tiempo sirvieran de consuelo a amigos y familiares, quienes finalmente podrían rezar ante la tumba de aquellos a quienes amaban, y de homenaje de parte de la Patria para sus héroes. Un contratista, Pradelle, capitán en la misma guerra, inmoral y en extremo ambicioso, casado con la hija de un empresario amigo del presidente, gana la licitación para proveer los ataúdes, que no se corresponderán con la muestra presentada, de madera fina y fuerte, de un metro setenta, para los soldados de esa medida o más bajos, pues forz

Herodes o Jesús

Mateo 2,1-12 Etgar Keret es un escritor israelí nacido en 1967. Es una de las gratas sorpresas que me regaló el Señor de navidad un poco anticipadamente en las pocas horas que pasé en Guadalajara de camino a la boda de mi compadre, horas que coincidieron con la venta nocturna de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde nunca ha habido saqueos; en las librerías nunca los hay porque la gente que lee no es gente que fácilmente pueda ser engañada ni, mucho menos, manipulada. De Keret compré un libro de cuentos,  De repente un toquido en la puerta. Hay uno en particular que me ha hecho ruido en los últimos días, llamado "Mentirilandia". En el cuento, un niño de siete años Robi, miente a su madre; ella lo manda a comprar cigarros, pero él prefiere comprarse un helado y al volver a casa se excusa mintiendo que un niño pelirrojo de aspecto horroroso al que le faltaba un diente delantero le dio una bofetada en la calle y le quitó el dinero. Y así comenzó una vida casi

"Sabia virtud de conocer el tiempo..."

"Aquí se habla del tiempo perdido que, como dice el dicho, los santos lo lloran". Así se llama el ya clásico soneto de Renato Leduc, surgido de una apuesta perdida y de un orgullo banderillado. Nacido en 1897 y fallecido en 1986, allá por los años 20, en el Colegio de San Ildefonso, donde estudiaba la preparatoria, Renato Leduc intercambiaba frases con uno de sus compañeros, Adán Santana, y se retaban a hacer versos con esas frases, de lo contrario, debían entregar al otro un peso. Lo hacían cuando las clases eran aburridas. Un día, en clase con Julio Torri, Leduc recibió del Gordo Santana, como él lo llama, la frase: "darle tiempo al tiempo". Sin caer en la cuenta de que en español no hay palabra que rime con tiempo, perdió la apuesta. Herido por la burla al final de la clase, se propuso, no obstante, escribir un poema donde la rima la llevara la palabra "tiempo"; y así nació el soneto que al cabo de los años grabarían a duo José José y Marco Antonio Muñ