Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de noviembre, 2019

Señor y Rey

Lucas 23,35-43 Se llamaba Ruy Díaz, y junto a su nombre hizo famoso el nombre de la tierra que lo vio nacer: Vivar. Sidi, lo llamaron en árabe. Señor. Sidi campeador, porque nadie como él para la batalla en campo abierto. —Ruy Díaz—, se presentó a sí mismo un soldado. En la versión de Arturo Pérez Reverte,  Sidi .  —¿De Vivar?—, le pruguntó. —De Vivar. Mil años, otro hombre hizo famoso junto al suyo el nombre de su tierra: Jesús de Nazaret. Pronto fue conocido como Señor. Señor e Hijo de Dios, porque nadie como él para transparentar a su pueblo el tierno y amoroso rostro de Dios. Ambos fueron grandes, por razones diferentes y con distinta grandeza.  El Cid fue siempre leal con su rey, a pesar del injusto destierro, que lo alejó de doña Jimena, su esposa, y de sus hijas. Jesús fue siempre leal al Padre. El Cid reservaba siempre, a pesar del destierro, la quinta parte del botín de su señor. Jesús siempre reservó algo de su corazón y de su tiempo para hablar con el Pa

¿Puede frustrarse la esperanza?

Lucas 21,5-19 ¿Puede frustrarse la esperanza?  Con esta pregunta, provocadora y siempre vigente, dictó una conferencia Ernst Bloch en los años sesenta. Nacido en 1885, filósofo alemán, marxista de origen judío, Bloch tiene como principal obra  El principio esperanza . Vivía en la Alemania socialista, en la Alemania del Este. Se encontraba en la Alemania occidental impartiendo conferencias cuando el gobierno de la Alemania del este levantó el muro de Berlín, en 1961. Bloch decidió entonces renunciar a su puesto en la universidad de Leipzig, y no vivir más en la Alemania socialista. No renegaba del socialismo en que creía; congruente con su pensamiento, se distanciaba de todo proyecto que negara la libertad al ser humano. No faltaron, entonces ni nunca, los agoreros de las calamidades. Es el contexto en que Bloch impartió su conferencia. Era más una pregunta para sí mismo que para los demás. ¿Puede frustrarse la esperanza? Sí, respondió Ernst Bloch, para honra de sí misma. Pues

Vida plena, vida más allá de la muerte

Lucas 20,27-38 “Ayer resucité. Y estuvo bien”. Es el inicio de la novela  La vida en las ventanas , de Andrés Neumann, jovensísimo escritor argentino. Es bueno escuchar de vez en cuando que usamos la palabra “resurrección”; es una pena que casi siempre sea en sentido metafórico y poco en su sentido real. Quizá, porque —al menos es lo que refleja la estadística de religión para México, del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (IMDOSOC), del año 2015—, la mayor parte de los católicos mexicanos no creen en la resurrección. Yo creo firmemente en la vida después de la muerte, y puedo apostarlo, sabiendo que, si pierdo, no habrá quién me cobre la apuesta. Que haya vida más allá de la muerte es tema sobre lo que han escrito filósofos, teólogos y científicos creyentes y no creyentes, con las razones que la hacen creíble y esperable. Lo cierto es que, con vida o sin vida eterna, vamos a morir. Sólo por eso vale la pena preguntarnos qué sentido tiene nuestra vida; mejor aún, qué

Zaqueo: la alegría de ser amado

Lucas 19,1-10 Yo juzgo por el exterior, no por el interior. No hablo de las personas, sino de los sobres que llegan cada año a la parroquia, para la conmemoración de los Fieles Difuntos, que por fuera tienen los nombres y por dentro el donativo que cada quien quiere ofrecer; los que quieren, que tampoco es obligatorio. Hay quien adorna los sobres; quien acompaña cada nombre con un corazón; quien acompaña con alguna oración; hay quien se ahorra la fatiga y pone la fotocopia de la lista de los años pasados, total son los mismos muertos. Hay quien se acordó de orar por el eterno descanso de los que llegaron a los forenses, y no fueron identificados. Son detalles de compasión, que afianzan la fe en la humanidad. Me encanta percibir, imaginar, las historias de amor y de cariño, de gratitud, que se percibe en las letras. Siento más empatía porque conozco a por lo menos la mitad de las familias anotadas, es bonito para mí, como párroco. Con todo, eso de juzgar por lo exterior o por l