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Mostrando entradas de septiembre, 2019

Y, ¿para qué querría la Virgen del Consuelo una corona?

60º Aniversario de la Coronación Pontificia No es por echar a perder la fiesta de los 60 años de la coronación pontificia de la imagen de nuestra Señora del Consuelo, de nuestra Parroquia Josefina del Espíritu Santo, pero ¿para qué querría la Virgen una corona? Si la Madre del Señor, como bien dice el P. José Luis Sánchez, Misionero Josefino, hablando de la Virgen de Guadalupe, que fue llamada Emperatriz de las Américas por unas Hermanas Josefinas que dirigían una oración para nosotros, sus hermanos Misioneros, y el P. José Luis no llegaba al comedor, y cuando por fin llegó, disculpó su retraso diciendo que estaba evangelizando a las Hermanas que habían llamado emperatriz a la Morenita, como si fuera “pirrurrona de Polanco”, y que eso estaba muy mal porque la Virgen María era una mujer del pueblo. ¿Para qué querría una corona una mujer del pueblo? Alguno dirá que para empeñarla o venderla y tener algo de sustento para no preocuparse un largo tiempo, como se preocupan los pagan

"¿Quieres ser mi amante?"

Lucas 14,25-33 Cierra los ojos. Imagina un espacio sin límites. Imagina los movimientos de una partida de ajedrez perfecta. Imagina que el número 4 pudiera decirse de muchas maneras diferentes. Imagina los acontecimientos infinitesimales que pueden conducir a que estalle la revolución en un país. Imagina una tribu que, por no saber contar, no planea nada que se prolongue más de un día. Imagina a Shakespeare descubriendo el número cero y las dimensiones de una ausencia. Imagina que pudieras leer un libro de una infinidad de maneras distintas.  Me llamo Daniel Tammet y soy sinestésico: percibo los números con colores y siluetas. En mi cabeza, contar es como pasear por un bosque. Tengo diagnosticado, además el síndrome del sabio: puedo aprender un idioma en una semana y recitar decimales del número pi durante cinco horas (por eso me dieron un Guinness). Los números primos poseen para mí la belleza de la poesía. Cada mañana me siento en mi escritorio  y me pregunto: ¿y si…? Es

"¡Deleitarás a los ángeles!"

Lucas 14,1-24 He de confesar que vi  Jesucristo Superestrella … en el año 2001. Recuerdo particularmente la escena de la Última Cena, en la que los discípulos, jugando con telas enormes, representaron la mesa alrededor de la cual compartieron la Cena de despedida de Jesús, aquella en la que a través del Pan y del Vino, Jesús anticipó y ritualizó la muerte que sufriría en la Cruz horas más tarde. Fue una escena bellísima. Jesús, sin duda, fue un hombre de comidas y bebidas, en medio de un pueblo de comidas y bebidas. No es ninguna casualidad que los evangelios recuerden y muestren a Jesús compartiendo la mesa, el pan y el vino con sus amigos y sus discípulos. Tampoco es ninguna casualidad que Jesús externe muchas de sus enseñanzas mientras comparte la mesa.  Nuestros procesos pastorales en la parroquia —desde el kerigma, según la metodología de Alpha—, se llevan a cabo alrededor de una mesa, comiendo y bebiendo. Es la pedagogía de Jesús. Pero no es sólo un cuestión de imitación