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Mostrando entradas de abril, 2017

Hans Küng y el camino de Emaús

El mediodía del viernes de Pascua de este año fui a comer con el director de mi tesina de Teología. Durante la comida, salió a la conversación Hans Küng; le pregunté a mi maestro si él lo había conocido cuando estudió en Europa, me respondió que lo conoció en México, en la parroquia de san Juan Bautista en Coyoacán, donde entonces vivía. Hans Küng andaba de visita en nuestro país, era el año 2007, según recuerdo. Hans andaba por el barrio de la Conchita, cuando pidió ir a celebrar la Eucaristía. Fue entonces que lo llevaron a la parroquia de los franciscanos. Ahí le pidieron a mi maestro, doctor en Teología Moral, que lo atendiera. Lo presentó ante la feligresía de ese día comentando que entre ellos estaba uno de los teólogos más importantes que había en ese momento en el mundo. ¿Quién es Hans Küng? Nacido el 19 de marzo de 1928, como regalo de san José para la Iglesia que protege, el joven Hans, influido por su párroco en una patria de libertad, quiso ser sacerdote, pero pidió es

Tomás: "Es de verdad, ya estás aquí"

Juan 20,19-31 Fue en el primer semestre del ciclo escolar 2002-2003, cuando, en el último año de los estudios de Filosofía, tomé la materia de Reflexión Filosófica sobre Dios, con el xaveriano Carlo Mongardi, todo un personaje. Para terminar el reporte de lectura del filósofo en turno y su reflexión o imagen de Dios, uno como alumno tenía que buscar en el cancionero no religioso una canción cuya letra reflejara la imagen de Dios de tal filósofo. En ese ejercicio fue como aprendí a escuchar las canciones de Fernando Delgadillo en clave religiosa, quién sabe qué pensará Delgadillo al respecto. Pero no se me  ocurre, por ejemplo, que "Entre pairo y derivas" hable de otra cosa, sino de Dios. En el álbum del mismo título, del año 1997, Fernando incluyó una canción llamada "Bienvenida", cuya ocasión desconozco, pero compendia en pocas palabras el licuado de emociones frente al regreso de la persona a quien tanto se ama y que un buen día se fue. Pienso en Tomás y

"Diez cosas que he aprendido sobre el amor"

Juan 20,19 Diez cosas que he aprendido del amor es una novela de la escritora norteamericana Sarah Butler, sobre una hija y un padre que saben mutuamente de su existencia, pero no se conocen y, sin embargo, comparten un hábito: escribir o relatar su vida a partir de listas de diez elementos: diez cosas que averiguado sobre mi padre, diez cosas que he sabido sobre mi hija, diez cosas que viví esta mañana, etc. Y así se va contando la novela. Yo he aprendido diez cosas sobre el amor a partir del misterio pascual de Jesús, desde esta escena del cuarto evangelio. 1. Sólo el amor da sentido a la vida y, por lo tanto, sólo el amor da sentido a la muerte. Porque la muerte está en relación con la manera de vivir. La vida de Jesús fue de total gratuidad en el amor, y eso fue lo que molestó y estorbó a muchos, por su anunciar y hacer vivir que todos somos hijos amados del Padre. Y que Dios todo lo perdona, todo lo cura, en todo acompaña y confía y respeta los momentos en que nos to

Está vivo: la nueva historia

Vigilia Pascual A ojos de los discípulos, aquel viernes la muerte de Jesús era un fracaso. Lo natural era sentir vergüenza y miedo, como seguidores del Maestro no podían esperar menos, además de sufrir el rompimiento de sus expectativas. Lloraron su frustración, y comenzaron a caminar con la cabeza baja, sin saber qué hacer para recuperar el sentido de vivir. ¿Dónde encontrar lo que les había dado Jesús, a quien, no cabía duda, Dios había abandonado, y por eso había sido burlado y crucificado. Ello significaba una cosa: estaba equivocado. Y, por tanto, ellos también. Si después de la cruz vino el miedo, la vergüenza y la frustración, ¿cómo es que después de dos mil años seguimos aquí? Si la cruz significaba el abandono de Dios, ¿cómo es que seguimos invocando el  signo de la cruz y lo seguimos trazando con nuestras manos sobre nuestro rostro y nuestro corazón? ¿Por qué cada vez que nos deseamos el bien hacemos el mismo signo, si era el símbolo de la vergüenza?  Hay en las redes

"Me amó. Y se entregó por mí"

Viernes Santo. Juan 19 Médico que se acerca desde el corazón a la muerte del cuerpo, Arnoldo Kraus, judío y mexicano, escribe en sus relatos reflexivos y autobiográficos Quizás en otro lugar :  "Casi siempre ha sido fácil asesinar. Morir en cambio es más complejo. En las calles viejas se muere por medio de piedras o palos; en las calles modernas, con bombas; en la literatura, con palabras; en la poesía, con silencio; en el cine, entre actos; en la música, entre notas. Matar no es parte de la vida, es parte de la condición humana." De haber sido cristiano, quizá escribiera, para completar su cuadro: "Y en el evangelio, se muere en la cruz." En todo ello se trashuma la verdad de la muerte de Jesús, que recordamos y conmemoramos en esta tarde; con dolor por el amigo y el hermano; con gratitud hacia el Mesías y Señor, Hijo amado del Padre.  Jesús fue asesinado. De eso nadie duda; fácilmente asesinado; vendido y traicionado por treinta miserables monedas,

Noche de Pan y Vino

 Jueves Santo Comienza Pascal Quignard su breve relato La frontera con esta nota: "En el año 1979 escribí que esperaba que se me leyese en 1640." Y es que con el paso del tiempo, las cosas a veces pierden su claridad. Seguro Miguel de Cervantes Saavedra también querría que su Quijote fuera leído siempre en 1605, el año de su publicación. Así entenderíamos, por ejemplo, cómo logra hacernos un retrato social de su protagonista por medio de su comida. Escribe Cervantes al inicio de su novela: "Una olla algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda." Sabiendo que la vaca es más barata que el carnero inferimos que don Quijote es más pobre que rico, el salpicón de las noches, hecho de sobras lo confirma; las lentejas el viernes reflejan su disciplina religiosa: no comer carne; en cuanto a los duelos y quebrantos, se trata de

En un lugar de Jerusalén

Mateo 21,1-11 En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho que vivía un hidalgo, de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Aunque no hayamos leído el Quijote, conocemos el inicio de la inmortal novela de Cervantes, sobre aquel hombre de carnes secas y rostro enjuto, de bigotes largos, que del mucho leer y del poco dormir se le secó el cerebro y vino a perder el juicio. Y un buen día, por sus lecturas de caballerías,  él mismo se sintió caballero y salió de su casa a combatir el mal, seguido de Sancho Panza, a quien invitó de escudero y quien creyó en don Quijote. Y conocemos también la famosa escena en la que don Quijote vio en el camino unos molinos de viento a los que creyó gigantes y, al embestirlos, sopló el viento y los molinos giraron y don Quijote terminó maltrecho. Nada pudo Sancho para disuadirlo. Parece una caricatura, una locura; pero las caricaturas ponen el dedo en la llaga, el tiro en el blanco. Quizá p