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Mostrando entradas de julio, 2014

El tesoro oculto, el buscador de perlas

Mateo 13,44-52 Existe gente para la cual la vida es la misma hoy y mañana también. Gente que ya se acostumbró a la rutina, para quien la fría y exacta monotonía es fuente de seguridad. Hay quien en la rutina está tristemente resignado, y ni caso tiene preguntarse por el día de mañana, porque ya no tiene fuerzas;  y hay quien se cansó de esperar la respuesta, cuando por más que levantaba la cabeza siempre encontró el mismo cansancio en el horizonte. Hay quienes, por el contrario, de tan bien que estaban creían que no se podía estar mejor, los sorpresivos cambios repentinos que nunca faltan les dieron la experiencia de lo diferente. Entonces los desafíos los hicieron crecer. Para unos y para otros, Dios se deja encontrar, sin que lo busquen, como el hombre que un buen día encuentra un tesoro oculto en un campo, y decide venderlo todo para comprar el campo. Suena increíble, vender lo que hasta hoy se creía lo mejor, y dejarlo todo por quedarse con el Dios oculto en el campo de la histo

Trigo robado, trigo despreciado, trigo del reino

Mateo 13,24-43 Con el paso de las horas, me sentí como el profe Téllez. No sé por qué tuve que salir de la escuela algunos momentos, y fue cuando lo vi llegar en taxi, y  no en su célebre sultán , un carro que, por cierto, nunca conocí a pesar de su celebridad. En el salón le pregunté qué le había pasado al sultán . Nos contó que el sábado anterior había ido a casar a unos nenes - como nos llamaba a los jóvenes- de su parroquia que se habían puesto elegantes y habían querido que su boda fuera en otro lugar. "Fui, casé a los nenes, y cuando salí, oh sorpresa, el sultán  fuese, no estaba, ¡se lo habían robado!" A mí me sucedió que presidí la Eucaristía por la graduación de un grupo de jóvenes de alguno de los colegios vecinos, todo se preparó como de costumbre, y cuando bajé al sagrario por la reserva, oh sorpresa, no estaba la llave, el sagrario estaba entreabierto, y el copón conteniendo el Santísimo, fuese, no estaba, ¡se lo habían robado! Ahora puedo contarlo así, pero e

Semillas del reino, esperanza de frutos

Romanos 8,18-23; Mateo 13,1-23 No era penal. La frase nos ha acompañado a lo largo de dos semanas, y nos ha servido de medio darle nombre al fracaso y, echando la culpa al árbitro, superar la frustración mundialista de cada cuatro años. A muchos se les va la vida en el futbol, y su destino es el destino de la selección nacional. Otros, en cambio, muy encomiablemente además, han puesto su atención en lo que pasa en otros ámbitos de nuestra vida, en el mundo de la política y de la sociedad, en los diferentes cambios  a nuestra legislación, por ejemplo; o en el dolor de los continuos y desbordados bombardeos de Israel sobre Palestina, a pesar de la jornada de oración por la paz en tierra santa que vivieron hace poco más de un mes, el día de Pentecostés, el Papa Francisco y los presidentes de Israel y Palestina, en el Vaticano. Muchos atisbamos detrás del encuentro la posibilidad de una nueva era de paz en esa zona del mundo y entre las tres grandes religiones que tienen en Abraham a su

El yugo de Jesús, la fuerza de los sencillos

Mateo 11,25-30   Todo comenzó cuando Juan el Bautista, preso en la cárcel de Herodes, mandó preguntar a Jesús si él era el Mesías esperado, o había que esperar a otro. No pareciera que Jesús tuviera la intención de tomar las armas y comenzar una revolución violenta. Pareciera que a Juan no le gustaba lo que oía de Jesús, que se compadecía de lo más débil y vulnerable de la sociedad; que se juntaba con los pecadores, y que decía que Dios es un Padre bueno que ama a buenos y malos. Jesús le mandó esta tajante respuesta: "Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los muertos resucitan, a los pobres se les anuncia la buena noticia, ¡y dichoso el que no se sienta escandalizado por mí!" Como Juan había muchos. Les resultaba difícil creer a Jesús; les resultaba difícil, cuando no imposible, creer en Jesús. Varios no sólo se escandalizaban o se sentían defraudados por él, sino que también hubo quien se burlaba de Jesús o lo rechazaba abiertamente. Sólo lo