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Mostrando entradas de diciembre, 2020

El infinito en un junco. La Sagrada Familia

Lucas 2,41-52   Mi ejemplar me estaba esperando en la mesa de novedades de Gandhi Madero. Había ido a comprar un libro para regalar a Kisko en su cumpleaños. Pero sólo estar frente a él, su título provocó que en mi mente y en mi corazón un estallido de luces de colores como de fuegos artificiales,  El infinito en un junco .  La invención de los libros en el mundo antiguo.  Lo tomé, y ya no pude resistir la seducción. La versión electrónica estaba mucho más accesible a mi bolsillo de refugiado; pero me pareció de muy mal gusto, casi una traición, leer un libro sobre el libro antiguo en algo que no fuera un libro impreso. Con la experiencia del amor providente de Dios en mi vida, y tan convencido de que me estaba llevando una joya, avisé a una de las trabajadoras que estaba llevando el único ejemplar en exhibición, me apenaba que alguien se privara de conocerlo por un descuido. Me respondió que no había ningún problema y me dio las gracias.    Cuando estaba ya formado para pagar mi libro

Velar al Niño. Navidad con san José

A inicios de mes las redes sociales corrieron la noticia de un  spoiler  en un cuadro del Nacimiento de Jesús, pintado en el siglo XV por el holandés Roger van der Weyden. Arriba del pesebre, el pintor colocó un crucifijo. Poco después, varios conocedores aclararon que no se trataba de un  spoiler , sino de una clave de contemplación. Durante mucho tiempo, sobre todo en oriente, se pintaron escenas de la natividad en clave de Pascua; es decir, se contemplaba el misterio de la Encarnación a la luz del misterio pascual de la muerte y resurrección del Señor. En otras imágenes, se aprecia a Jesús niño más que envuelto en pañales, amortajado como un cadáver; el pesebre se muestra como un ataúd; y la gruta de Belén asemeja en sepulcro en la roca del Gólgota. La contemplación del Niño es la contemplación del Crucificado. El sueño del Niño es la muerte de Jesús en el sepulcro.    Desde que nacemos comenzamos a morir. Venimos a este mundo trayendo la muerte con nosotros. Y, sin embargo, como ha

Dos malas noticias y una buena noticia: El Evangelio

Lucas 1,26-38   No tengo remedio. Es como si una fuerza extraña se hubiera metido dentro de mí, y me hubiera obligado a hacerme inmediatamente de un ejemplar de  Los seres huecos , la nueva novela escrita por Guillermo del Toro y Chuck Hogan. La culpa la tienen los del periódico  Reforma , que publicaron un fragmento y me dejaron con la sensación de que no podía parar ahí. Es la sensación que a veces nos pasa con el pan dulce, que le das una mordidita mientras piensas “¡nada más poquito!”, y cuando te das cuenta ya te lo terminaste, sin haber siquiera calculado las calorías que acabas de ingerir, como si una fuerza extraña te poseyera y tomara el control de tu vida. Así.   Y de cosas así trata  Los seres huecos , de seres oscuros que se introducen en los cuerpos de las personas y las llevan a realizar terribles atrocidades. De gente que quiere comprender, de tumbas saqueadas, y hasta de un abogado británico y elegante de más de cuatrocientos años y que es el único que puede resolver el

Testigos de luz, el Infinito en lámparas

Juan 1,6-8;19-28   Ayer  El País  de España publicó un artículo interesante, llamado: “¿A qué huele el pasado?” Un equipo de científicos de varios países ha recurrido a la inteligencia artificial para buscar, catalogar e, incluso, recrear los aromas del pasado. En la Europa del siglo la peste olía a romero, hierba que se creía la repelía; tres siglos más tarde, el poder olía a piña, que no se daba en Europa, así que había que tener mucho poder y dinero para lograr traer una piña de América en poco tiempo, y que aún estuviera fresca y aromática. La guerra olía a pólvora y a sangre; la revolución apestaba a sudor; y la fe, como ahora, se perfumaba de incienso. Según esta investigación, los libros antiguos huelen a chocolate.    La filóloga Irene Vallejo cuenta la historia del libro en la antigüedad en su libro  El infinito en un junco . Su narración es casi la de una novela. En el prólogo vemos a un misterioso grupo de hombres que recorren a caballo los caminos de Grecia. Los campesinos

Adviento: Victoria de los vencidos

Marcos 1,1-8   “La vida no es una cuenta que sale bien, que yo sepa”, escribe Alessandro Baricco en  Una cierta de mundo , comentando el libro  Chesil Beach , de Ian McEwan. De esto tenemos experiencia todos. Lo mal que le puede ir a la gente buena; lo bien que lo pueden pasar, cínicamente, los mayores canallas y criminales. En el mismo libro —un compendio de comentarios a 50 libros que lo han marcado en los últimos diez años—, sobre  Die kultur niederlage (La derrota de la cultura) , de Wolgang Schivelbusch, escribe Baricco: “A veces se pierde, eso ya se sabe. El hecho que alguien se dedicara al asunto prometía cierto consuelo.” Y continúa: “La historia, por norma, nos ha enseñado que los derrotados salen de las guerras con una vitalidad y una energía creativa que ya les gustaría a los vencedores.”   El pueblo de Israel es un buen ejemplo. Durante y tras el exilio en Babilonia vivió una época de intenso análisis, de profunda reflexión, de sincera humildad, y al tiempo que asumió la re