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Hermoso, no resignarse a olvidar

Lucas 21,25-36 Una mujer perturbadoramente guapa, Adela de Otero, la que un día envío una tarjeta a don Jaime Astarloa, maestro de esgrima, de la escuela francesa, en Madrid, segunda mitad del siglo XIX. La cita a la que fue convocado el maestro tenía la intención, por parte de ella, de que él le enseñara su famosa estocada de los doscientos ducados, una estocada de su invención, imparable excepto para quien la conozca, que sólo eran unas diez o doce personas, e impracticable para quien no dominara el arte de la esgrima. Los doscientos ducados eran el precio fijado por el maestro para enseñarla, una pequeña fortuna. Ella ofrecía pagar lo doble.  Don Jaime representaba no sólo lo mejor, sino también lo más clásico de la esgrima, así que se rechazó de manera cortés pero contundente la posibilidad de entrenar a una mujer y de regatear como comerciante lo que él llamaba “el santo grial” de su saber. Pero la mujer no se desistió de su objetivo. Se presentó al día siguiente en c...

Ni ingenuos ni pesimistas

Marcos 13,24-32 —Eres un pesimista— dijo el Acuchillador al Chalequero— y los pesimistas viven más de lo que quisieran. Es su condena. Los dos criminales compartían celda en la cárcel de Belén en enero de 1909, acusados ambos de homicidio. Todo en el mundo de la novela  Carne de ataúd , de Bernardo Esquinca, en la tercera entrega de la saga Casasola. El Chalequero, ya mayor, y quien por indulto de Porfirio Díaz había librado ya una condena a muerte, esperaba recibirla por segunda vez, echado en posición fetal sobre una cobija apestosa. El Acuchillador lo despertó.  —¿No quieres una jarra de vino?— El Acuchillador se pasó una mano por los labios resecos— Muero de sed… —Aquí no hay vino —dijo el Chalequero, sin moverse—. Aquí sólo hay muerte.  El Acuchillador se sentó en el catre y se inclinó sobre su amigo. —Te equivocas. Este es el Conejo Blanco, taberna de ladrones y asesinos. Aquí todos somos sobrevivientes. Hemos escapado a la puñalada trapera, a los...

Un poco como Freddy Mercury. La viuda pobre y sus dos moneditas

Marcos 12,38-44 Me recuerda un poco a Freddy Mercury, la viuda pobre del evangelio. Un poco. Está de moda Mercury, es cierto. Me gusta verla desde una doble perspectiva. Por un lado, en la secuencia de Bartimeo, el pordiosero ciego a la orilla del camino; del maestro de la Ley, y la viuda pobre. Como Bartimeo, hay que pedir siempre a Jesús poder ver, poder seguirlo, tener en el corazón la luz suficiente para seguirlo por el camino, aunque sea de noche y haga frío; aprender de Jesús que la voluntad de Dios se cumple en el amor, que hacer las cosas por algo distinto al amor no tiene mucho sentido; que quien camina detrás de Jesús y ama como él, es capaz, como la viuda, de dar su vida entera. Como Jesús en la cruz.  Por otro lado, me gusta ver a la viuda pobre en perspectiva con los demás personajes femeninos del evangelio. La suegra de Simón, la hemorrosía, la hija de Jairo, la sirofenicia que suplicaba la curación de su hija. Todas ellas recibieron vida de parte de Dios a t...

Todos los santos: La fiesta de los invisibles

Apocalipsis 7,2-4.9-14; 1 Juan 3,1-3; Mateo 5,1-12 La imagen es de Bernardo Esquinca, en su novela  Toda la sangre , la de la muchedumbre que se reúne a bailar todas las noches de domingo en la plazoleta de la Alameda, junto a la estatua de Neptuno: “Gente de las clases sociales más bajas para bailar ritmos guapachosos tocados por un grupo en vivo (…) obreros, sirvientas, chavos banda, teporochos o travestis se fundían en  un caldo que olía a humanidad y sobacos apestosos (…) En medio de todo eso estaban la música y el baile, la multitud entregada a la única diversión a la que podía tener acceso. Resultaba simbólico que se reunieran alrededor de la escultura de Neptuno. Allí se encontraban criaturas salidas de las profundidades (…) se reunían en un aquelarre que celebraba su propia miseria. Los invisibles, pensó Casasola: nadie sabe que existen, pero de algún modo son quienes sostienen la ciudad sobre sus hombros. Sin ellos, todo esto terminaría de hundirse en el lodo.” ...

Siempre y en todo lo mejor. Fe y misión

Cuando yo daba clases a los formandos josefinos en propedéutico, me sentía como el Profesor Dumbledore, comunicando a mis alumnos toda la sabiduría acumulada en la congregación, pero dadas los provocativos estímulos intelectuales que les daba, ellos piensan que más bien me parecía a Severus Snape. A veces les hacía algunas “inocentes” preguntas al estilo de las del P. José Rubén Sanabria; y la última, ¡inocentísima! A veces lanzo también inocentes preguntas a la feligresía, y una inocentísima. Cuando pregunto quién ha leído completos los evangelios, dos o tres levantan la mano, cual si estuviera predicando para grupos de monjes tibetanos. En cambio, cuando pregunto quién conoce el Catecismo de la Iglesia Católica, un número más respetable levanta la mano, y eso es muy propio de nuestra Iglesia, que conocemos todo menos el evangelio, triste y vergonzosamente. Pero las manos se van abajo unánimemente cuando pregunto por las cuatro partes que vertebran el Catecismo, que son las cuatr...

San Romero de América

Marcos 10,17-31 La noche del 3 de enero de 2008, una vez que se hubo alzado con la candidatura del partido demócrata para contender por la presidencia de los Estados Unidos, el joven Barack Obama, con amplias posibilidades de ser el primer presidente afroamericano de su país, ofreció un emotivo discurso a sus simpatizantes: “Se dijo que el día de hoy nunca llegaría. Se dijo que apuntábamos demasiado alto. Se dijo que este país estaba demasiado dividido; demasiado desilusionado para unirse algún día en torno a un objetivo común. Pero esta noche de enero, en este momento decisivo de la historia, ustedes hicieron lo que los cínicos dijeron que no podríamos hacer.” De la canonización de Monseñor Romero podría hablarse con las mismas palabras: Dijeron que este día nunca llegaría. Dijeron que era mucho esperar, que era guerrillero y comunista; que El Salvador era un país muy dividido y podía dividirse más; que no era un país grande o importante; que aún vivía el grupo de poder q...

El cachorro de Poetas

Guadalajara, Jal. , 29 de septiembre de 2018 Primera Eucaristía P. Leopoldo Baez Ornelas, MJ Queridos hermanos y amigos. Querida familia Baez Ornelas. Querida familia josefina: hermanas, misioneros, fieles amigos de san José. Querida comunidad de san José de los Poetas (¿Quién olvida su primer amor? Tampoco yo los he olvidado) Les voy a contar una anécdota. A inicios del 2012, Paolo Gabriel, entonces mayordomo del Papa Benedicto XVI, robó y filtró a un periodista italiano parte de la correspondencia confidencial del Papa. En esos días, yo formaba parte de esta comunidad, y comenté la noticia con el P. Carlos Meza, rector del Filosofado, quien me respondió: “Me parece vil la persona que robó esas cartas, y más vil la persona que las va a leer.” Así fue como me abstuve de comprar el polémico libro cuando fue publicado en México. Hasta la fecha, gracias al P. Carlos, sigo sin caer en semejante vileza.  Cuando el joven diácono, al que conocí hace dieciséis años, el...