Lucas 21,25-36 Una mujer perturbadoramente guapa, Adela de Otero, la que un día envío una tarjeta a don Jaime Astarloa, maestro de esgrima, de la escuela francesa, en Madrid, segunda mitad del siglo XIX. La cita a la que fue convocado el maestro tenía la intención, por parte de ella, de que él le enseñara su famosa estocada de los doscientos ducados, una estocada de su invención, imparable excepto para quien la conozca, que sólo eran unas diez o doce personas, e impracticable para quien no dominara el arte de la esgrima. Los doscientos ducados eran el precio fijado por el maestro para enseñarla, una pequeña fortuna. Ella ofrecía pagar lo doble. Don Jaime representaba no sólo lo mejor, sino también lo más clásico de la esgrima, así que se rechazó de manera cortés pero contundente la posibilidad de entrenar a una mujer y de regatear como comerciante lo que él llamaba “el santo grial” de su saber. Pero la mujer no se desistió de su objetivo. Se presentó al día siguiente en c...