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¿Les molesta que diga Cielo?

Lucas 24,46-53 El bar de las grandes esperanzas es un relato autobiográfico de J.R. Moehringer; una parte importante de su vida transcurre en el Bar "Dickens", donde el encargado de la barra es su tío Charlie. Al tío Charlie le gustan las palabras, las cuida, las usa con elegancia y precisión, de manera que puede hablar como un barista o como un académico. Cuando lo hace de esta última manera, siempre tiene el tino de disculparse. Así, cuando habla de verosimilitud, acota: ¿les molesta que diga verosimilitud ?, ¿les molesta que diga ineluctable ? Pareciera que en nuestros días, la cultura dominante, basada en la ciencia y en la tecnología, nos llevan al extremo de disculparnos cuando usamos el lenguaje de la fe. Pareciera que tendríamos que disculparnos cuando hablamos de Dios, de fe, de esperanza, del cielo. La ciencia es una mujer inteligente, pero muchas veces arrogante y envidiosa, lo digo sin machismo ni misoginia (¿les molesta que diga misoginia?), que siente celos ...

Habitados por Jesús

Juan 14,23-29 Hacia finales del 2011, inicios del 2012, el mayordomo del Papa Benedicto XVI sustrajo correspondencia privada del Papa, que la prensa vendió como "documentación secreta". El P. Carlos Meza, entonces rector del Filosofado, donde yo vivía, me dijo: "Me parece vil la persona que robó esas cartas, y me parece más vil la persona  que las va a leer." Y así fue como prefería perderme de conocer de primera mano semejantes testimonios históricos. Por eso tuve mis reservas cuando don Carlos Briseño me recomendó leer la correspondencia privada de la Madre Teresa de Calcuta, publicada y comentada por el postulador de su causa de beatificación y canonización.  Ayer finalmente las leí, casi todas de un tirón. Luego de 17 años de vida religiosa en la India, como parte de una congregación irlandesa, la Madre Teresa escuchó de camino un día la voz del Señor que le decía: "Ven, sé mi luz"; "tengo sed"; entonces fue comprendiendo que el Señor ...

Los cristianos, los amorosos

Juan 13,31-35 Dos asuntos deja en claro Jesús en este fragmento de sus palabras en la noche de la Última Cena, apenas después de que Judas saliera para consumar su traición. El primero, la plena presencia de Dios, su gloria, en ese momento y en los momentos venideros, es decir, la plena manifestación de su amor en la cruz, a pesar de la traición y de la negación. El segundo, el mandamiento, la exhortación de Jesús a sus discípulos de amarse unos a otros de la misma manera que Él, el Maestro, los ha amado. De manera que es este amor llevado al extremo el signo de nuestra identidad. Las palabras de Jesús me recuerdan unos famosos versos de Jaime Sabines, los amorosos. Los cristianos, los seguidores de Jesús, tendríamos que ser los amorosos por excelencia. "El amor", dice Sabines, "es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable". Confronta que muchas veces, frente a la que gente nos incomoda, que no nos simpatiza, o que francamente nos repele, n...

Jesús y Simón. Amor de Dios, amor de amigos

Juan 21,1-19 Decía Rubén Cabello, sj, en el curso de escritos joánicos: “No entiendo porque, si el texto dice ‘carnero’, todo mundo traduce como ‘cordero’, no es muy romántico decir el ‘carnero de Dios’, pero a diferencia del cordero, el carnero ya creció, ya tiene cuernos, es decir, ya tiene fuerza, y ése el Señor Resucitado.” Me pasa algo similar con esta escena del cuarto evangelio. En la primera de las tres preguntas que hace Jesús a Simón, el sentido del texto griego cambia frente a las traducciones tradicionales, que ponen en boca de Jesús: “Simón, hijo de Juan, ¿amas más que éstos?”, como si hubiera manera de medir el amor por Jesús de cada uno de los personajes de la escena. La pregunta así lanzada me recuerda a Susanita, que leía noticias sentada en un sillón: “Tras discutir, mata a su cuñado... Una madre envenenó a sus dos hijitos… El asesino de la anciana confiesa su crimen” Para luego correr espantada a decir a Mafalda: “¡Si vieras!... Estuve leyendo lo buena que soy.”...

Tomás, el Gemelo y el P. Vilaseca

Juan 20,19-31 A las 5:50 de la tarde, de un día como hoy, domingo 3 de abril, como hoy domingo segundo de Pascua, Domingo "in albos", como se le llamaba entonces,  del año 1910, luego de 79 años de vida fecunda entregada a Dios y a su Iglesia en México, se encontraba plenamente con el Señor el P. José María Vilaseca. La Iglesia, como madre providente, alimenta este día a sus hijos con el Pan de la Eucaristía y con la Palabra de su Señor, en la narración del cuarto evangelista. La escena es la del Señor Resucitado en medio de los suyos, primero sin Tomás; luego, con Tomás entre ellos.  La Escritura lo llama Tomás "el Gemelo", pero no se dice de quién era gemelo. Tardíamente, algunos afirmaron sin mayor fundamento que era gemelo de Jesús y, en consecuencia, también hijo de María. Sabemos que no fue así, pero no deja de ser sugestiva la idea de una cierta fraternidad gemelar con el Señor. El Cardenal Martini habla propuso que Tomás es gemelo de todo discípulo. M...

Resurrección

Lucas 24,1-12 Un sepulcro vacío; dos hombres desconocidos vestidos con ropas resplandecientes; una pregunta que desconcierta y no responde a las preguntas que seguramente surgen a las mujeres que al amanecer al primer día de la semana van a buscar el cuerpo de Jesús en el sepulcro donde había sido colocado tras la resurrección. La noticia fue llevada por las mujeres a Pedro y los demás discípulos de Jesús. Era natural que no les creyeran. Más allá de que fueran mujeres en una época en que el testimonio de las mujeres no tenía valor, lo que ellas decían no parecía tener ningún sentido. ¿Por qué fue, Pedro, entonces, a ver por sí mismo el sepulcro? Lo que él vio no era más sustancial que lo que vieron las mujeres, apenas unos lienzos. Pero con ello fue suficiente para volver admirado de lo que había sucedido. ¿Qué había sucedido? A nosotros, que tenemos nuestra fe cimentada en la resurrección de Jesús, lo acontecido puede que ya no nos sorprenda tanto como a las mujeres, a P...

Viernes Santo

Juan 18,1-19-42 Lo mismo que la primera de la muchas Voces de Chernóbil , que reunió Svetlana Alexievich, la de una mujer que cuenta su historia, la de su marido y la del hijo que esperaban, frente   a Jesús en la cruz, uno dice: “No sé de qué hablar… ¿de la muerte o del amor? ¿O es lo mismo?” Frente a la realidad de su marido, que moría por su sobreexposición a la radiación, y contaminaba todo lo que entraba en contacto con él, alguien intentaba convencerla: “No debe usted olvidar que lo que tiene delante ya no es su marido, un ser querido, sino un ser radiactivo con gran poder de contaminación. No sea usted suicida. Recobre la sensatez.” Y su reacción: “¡Lo quiero! ¡Lo quiero! Él dormía y yo le susurraba: ¡Te amo! Iba por el patio del hospital: ¡Te amo! Llevaba el orinal: ¡Te amo!” Por supuesto, eligió al marido, eligió el amor, aunque ello supusiera su propia muerte y la del niño que llevaba en las entrañas, dos años más tarde. En Noviembre. Recuerdos del Porvenir , lo...