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Para ser el más grande

Juan 13,31-35 “El mayor peligro para la mayoría de nosotros no es que nuestra meta sea demasiado alta y no la alcancemos, sino que sea demasiado corta y la consigamos. Yo quiero ser como Leonardo da Vinci. Quiero ser inmortal.” Son palabras de Miguel Ángel al Papa Pío IV, en la novela  Matar a Leonardo da Vinci , de Christian Gálvez. En la misma novela, hacia el final, Miguel Ángel se dirige a Leonardo con estas palabras: “Para ser el más grande, necesito que me comparen con los más grandes, y tú, Leonardo, eres uno de ellos. No puedo permitir que desaparezca aquel a quien quiero superar. No puedes morir. No ahora, no así.” Parece que quienes llevan el nombre de Miguel Angel tienen este sentido de grandeza. Al menos Miguelito, el amigo de Mafalda. Un día, vio en el parque una fila de hormigas que subían a un árbol. Se acercó a ellas y les preguntó: “¿Alguien de ustedes se llama Miguelito?” Tras la indiferencia frente a su pregunta, siguió su caminata, mientras se decía: “E...

El Padre y yo somos uno

Juan 27,30 Decía David Díaz, dominico que da clases de Teología, que siempre era bueno un marco histórico de referencia para los trabajos que solicitaba sobre algunos temas en específico. Esto es particularmente cierto en el caso de los textos de los evangelios, pues un texto siempre está dentro de un contexto, y fuera de él, pierde su sentido originario. Les pasa a lo que al pastel que cocinó la mamá de Mafalda. Se veía delicioso, pero cuando Mafalda lo probó, puso cara de desagrado. “¿Y?”, preguntó la madre, “¿cómo está el pastel a la “melangeuse”?” Respondió Mafalda: “Y… mmbiemm… mmbiemm… ¿De dónde sacaste la receta?” “Del diario”, contestó orgullosa la mamá, desde la cocina; “¡Acabáramos!”, pensó Mafalda contemplando el pastel, “¡se contagió de Noticias!” El cuarto evangelio, como los otros tres, está "contagiado” de las disputas existentes en el cristianismo primitivo entre los judíos que aceptaban a Jesús como el Mesías; es decir, el “ungido” de Dios; y los judíos q...

"Lo primero que te dije..."

Juan 21 Marji quería a su héroe. Marji es Marjane Satrapi, iraní. Cuenta su vida en Persépolis, nóvela gráfica. Nació en 1969. De niña, creía que los héroes eran tales porque habían estado en la cárcel y habían aguantado torturas. No sé si está de moda la novela gráfica, o yo la estoy redescubriendo. Pero pienso que podría ser de mucha ayuda pasar el cuarto evangelio a novela gráfica. Nos ayudaría quizá a percibir detalles que se nos han escapado en su lectura. Pienso en un cuadro reflejando en la oscuridad de la noche, cuando no está Jesús con Pedro y sus compañeros; y otro en el que el sol asoma cuando Jesús se hace presente. Porque Él es la luz. Ver las redes vacías, la cara de desilusión o de cansancio de Simón Pedro; contemplar en un cuadro vecino la fogata a la orilla del lago, con un pan y un pescado sobre sus brazas, venidos de la misericordia de Dios y no del esfuerzo de Pedro y sus compañeros. Sería interesante también ver con qué cara es dibujado Jesús Resucitado; yo le...

"Siempre hay tiempo. Mentira." Jesús y Tomás

Juan 20,19-31 “Las palabras se las lleva el viento”, decimos. Pero es mentira. Independientemente de lo que digan los juristas para sus efectos, y la mediana objetividad de los escritos, las palabras habladas tienen vida, y no se las lleva el viento. Las traemos con nosotros siempre, en el corazón y sobre la piel, como se llevan los tatuajes. Para bien y para mal. Un “te amo” de ayer puede confortar y puede herir, a veces al mismo tiempo. El “te odio” que ayer nos desahogó, hoy nos taladra el alma. La muerte de la persona que recibió nuestras palabras hace la diferencia. Igual o más intensas son las palabras que se nos quedaron atoradas y no quisimos decirlas, y cuando quisimos ya era tarde.  Hay tres palabras mágicas en la vida, suelo decir a los jóvenes, que abren puertas y las dejan abiertas: por favor, gracias y perdón. Luis Rojas Marcos, psiquiatra español radicado en Nueva York —cuya trayectoria profesional ronda los cincuenta años—, dice que para vivir mejor hay que...

La cruz: Una historia de amor real

Viernes Santo 2019 “No hay ni una sola historia de amor real que tenga un final feliz. Si es amor, no tendrá final; y si lo tiene, no será feliz.” Lo dijo Joaquín Sabina. Y crudamente, humanamente hablando en el caso de Jesús, tiene razón.  La cruz no es un final feliz. Ya sé que Jesús resucitó; lo creo con todo el corazón. Pero la resurrección no es un final, es un nuevo principio. Hasta la cruz la historia la escribieron los hombres, con propia sangre, incluso; a partir de la resurrección, la eternidad la escribe, la pinta, la colorea, Dios mismo.  Cuentan las leyendas urbanas, que allá por 1986, el año del Mundial en México, los niños se preguntaban cómo Pique —¡un chile!—, podía hablar, usar sombrero y patear balones; los papás se afanaban en echar porras con la Chiquitibum; y los verdaderos aficionados al futbol debatían sobre la divinidad de la mano de Maradona, Joaquín Sabina comenzó a escribir una canción basada en hechos reales, pero que nunca la terminó ...

Domingo de Ramos. ¡Vayamos a morir con él!

Me sucedió cuando entré al aspirantado, el 12 de diciembre del año 2000. El P. Canche, rector de nuestro seminario josefino, nos organizó en pequeños grupos para acompañar a los sacerdotes a las diferentes misas en honor a la Virgen de Guadalupe, por toda la colonia. A mí me tocó acompañar al P. Carlos al mercado de Mixcoac. Terminando la Eucaristía, los diferentes vendedores pidieron al Padre bendijera sus puestos. Mientras bendecía uno de revistas y periódicos, me dijo el Padre Carlos, en tono de confidencialidad: —¡Bendije una revista pornográfica! ¿Qué hacemos, la compramos? ¡Ya está bendita! Este año iluminamos la liturgia con el evangelio de san Lucas. Pero en su versión de la entrada de Jesús a Jerusalén no aparecen los ramos ni las palmas. ¡¿Y ahora qué hacemos con nuestras palmas?! ¡Ni modo que las tiremos, ya están benditas! San Lucas es una de las cuatro miradas que la Iglesia conservó sobre Jesús. Me refiero por mirada a cada uno de los cuatro evangelios canónicos,...

Lo que escribió Jesús. La imagen que nos falta

Juan 8,1-11 Deborah Crombie es una escritora americana que tiene una interesante novela, que trata sobre una poeta que se habría suicidado, pero de la que su biógrafa, Victoria, sospecha que más bien fue asesinada. La investigación la lleva a un punto tal que ella misma aparece muerta. Su único hijo, Kit, de once años, descubre a un vecino suyo, Nathan, resembrando unas florecillas que ya había arrancado. A kit le intriga. Pregunta. Nathan responde que, a veces, recordar ayuda. Nuestra religión es una religión de memoria, de recuerdo, para descubrir el paso de Dios en nuestra historia. A propósito de esta escena, que bien a bien no se sabe si es de Juan o de Lucas, es bueno recordar, por ejemplo, que en el Antiguo Testamento no hay ninguna Ley que, en caso de adulterio, pida lapidar a la mujer, y sólo a ella. ¿Por qué, entonces, llevan ante Jesús sólo a ella, y no al varón involucrado? Es bueno recordar también que el Deuteronomio pide a quien acusa el testimonio de dos testig...