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Compasión: anticipando la fiesta de la vida

Marcos 6,30-34 Como pasó en el resto de la realidad, alguien creyó que se podía tener una mejor comprensión de los evangelios si se leían por pequeños fragmentos. Pero ahora que estamos en los tiempos en que todo se comprende y se aborda de manera integral, holística, vemos lo mucho que nos ayudan las visiones de conjunto. Este pequeño fragmento de la narración de Marcos es una transición entre la secuencia anterior y las que siguen.  Recordemos. Jesús envía a los Doce a predicar la conversión, a expulsar a los demonios y a curar a los enfermos. Y mientras ellos van, el narrador nos cuenta que la fama de Jesús se extendía y que el Rey Herodes oyó hablar de él; como algunos decían que Jesús era Juan el Bautista, Herodes creía que Juan había resucitado. Y entonces se nos cuenta la muerte trágica del Bautista, en el palacio de Herodes, quien lo había apresado. Cómo fue que Juan murió decapitado en medio de una fiesta de noche, en el palacio mismo, donde los comensales eran dign...

Frarternidad: En camino por la vida

Marcos 6,7-13 Marcos es el más antiguo de los cuatro evangelios. Más antiguos que los evangelios son las cartas de san Pablo. No es un detalle cualquiera. No tendría que sorprendernos, entonces, que los evangelios reflejen más bien el contexto de las primeras comunidades cristianas, en las que tuvieron su origen, más que propiamente el mundo de Jesús y sus primeros seguidores. Sociológicamente hablando, Jesús fue el líder de un movimiento itinerante y carismático de renovación al interior del judaísmo. Él mismo era un predicador itinerante, quizá pasara algunas temporadas de descanso o de formación a sus discípulos en Cafarnaum, quizá en la casa de Simón, al que llamó Pedro. Pero él, a diferencia de las aves, que tenían nidos, o los zorros, que tenían madrigueras, él no tenía ni dónde reclinar la cabeza.  El centro de su predicación era el reino de Dios; lo anunciaba con obras y palabras. Era lo que pedía a sus seguidores. Tras la muerte y resurrección de Jesús, surgió una i...

Los Ángeles azules o el divino Dalí

Marcos 6,1-6 El viernes pasado fui en la noche a Bellas Artes. Se acababa de anunciar que dada la tumultuosa asistencia para admirar las exposiciones de Leonardo y Miguel Angel, se ampliaba el horario hasta las 10 de la noche. Supuse que la noticia todavía no corría como reguero de pólvora, y cuando llegué al vestíbulo y vi que apenas había gente en la taquilla mis ilusiones se inflaron. Lástima. Ya no había boletos. Con el fin de paliar mi decepción, fui con mis amigos a cenar a un lugar donde había enormes pantallas. De pronto se proyectó la imagen de una orquesta y el director comenzó la sinfonía, ya estaba yo sorprendido de la calidad de la música en un lugar de antojitos, cuando lo que siguió no fue una sinfonía clásica, ¡sino los Ángeles azules, desde Iztapalapa para todo el mundo! Y así nos sucede a veces, también con Dios. Decía san Agustín que “más gozo y admiración nos debe producir el haberse hecho hombre nuestro Señor Jesucristo que las obras divinas que, ...

Sin asco y sin miedo

Marcos 5,21-43 Un día se encuentra Susanita en el parque, discutiendo con un niño por ver quién gana el columpio. Dice Susanita, aferrándose a una cadena del columpio: ¡"Tú llegaste primero, pero yo soy mujer!" Le responde el otro: "¡Mujer! ¿Y con eso, qué?" "¡Cómo que qué, degenerado!", le responde Susanita, "que estás descolumpiando a tus madres, esposas, novias, hermanas..." Alguna vez había que darle a Susanita la razón a Susanita. Y es que, ¿quién querría ser mujer en una sociedad que discrimina y mata a las mujeres?, ¿quién querría ser indígena en una sociedad que discrimina a los indígenas y se burla de ellos?, ¿quién puede vivir con honestidad su homosexualidad en una sociedad y en una Iglesia que los rechaza? La narración de Marcos es elocuente y dramática. Una mujer que lleva doce años enferma de flujo de sangre. Todos los fluidos que salen de los orificios humanos provocan impureza. Una mujer en los días en que está de malas es ...

Hijo del Padre, Hijo de José, confianza en la tormenta

Marcos 4, 35-41 En La sombra del viento , de Carlos Ruiz Zafón, un librero lleva a su hijo a conocer un lugar misterioso y secreto en el medio de los libreros: El Cementerio de los Libros Olvidados. Ahí, el papá dice a su hijo, animándolo para escoger un libro de los que ahí se encuentran: "Este lugar es un misterio, un santuario. Cada libro, cada tomo que ves, tiene un alma. El alma de quien lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro cambia de manos, cada vez que alguien desliza la mirada por sus páginas, su espíritu crece y se hace fuerte." Los evangelios son libros que tienen su propia alma, su propio espíritu, el espíritu de Jesús. Y cada vez que deslizamos nuestras miradas por sus páginas, nuestros espíritus crecen y se hacen más fuertes. Eso pasa con páginas como ésta, en la que al final nos preguntamos quién es éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen. Mi respuesta en este día del padre, es que Jesús es el ...

Semillas en manos de Dios

Marcos 4,26-34 Cuenta el evangelio que estaba Jesús enseñando a la orilla del lago, pero acudió tanta gente, que tuvo que subirse a una barca y sentarse en ella, mientras la gente permanecía en tierra. A mí me cuesta trabajo imaginar cómo es que se haría escuchar Jesús, quizá tendría pulmones de bebé, porque uno de adulto no tiene la fuerza tronante de un niño que llora. Lo cierto es sentado desde la barca enseñaba. Yo me lo imagino de pie, junto a la amurada, moviendo las manos, formando con ellas en algún momento una bocina sobre su rostro, pero el evangelista dice que enseñaba sentado, quizá sólo para subrayar la verdad y la dignidad de su enseñanza, pues los maestros enseñaban sentados. Siendo como eran, gente del campo, los oyentes de Jesús no tendrían mucha dificultad en comprender su enseñanza. Y se irían a dormir contentos y dignificados, sabiendo que Dios, el Creador de todo cuanto existe, era como uno de ellos, como un campesino, que arroja sus semillas a la tierra. Y ...

"Ni con agua bendita..."

Marcos 3,20-35 Un día estando cómodamente sentado en un sillón reposet, me dijo un amigo que me acompañaba, luego de buscar afanosamente por ambos lados de su sillón la palanca para reclinarlo: "¿Cómo echa uno aquí las patas para arriba?" Le contesté que sólo tenía que inclinarse hacia atrás con un poco de fuerza, y listo. Y así lo hizo. "¡Dios mío!", comentó, "¡estas cosas son del diablo!" Algo así nos narra la escena de Marcos. Atribuir al diablo, como si fuera un mal, lo que es de Dios. Casi al inicio del evangelio hemos visto al Espíritu Santo descender sobre Jesús en su bautismo; fue impulsado por él al desierto; con su poder venció las tentaciones; llamó a sus primeros seguidores; enseñaba en la sinagoga; curó a la suegra de Simón y al leproso que le salió furtivamente al camino; perdonó a los pecadores, al paralítico un sábado en la sinagoga; comió con los pecadores en la casa de Leví, el pecador público que cobraba los impuesta para Roma; qu...