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¡Me duele el orgullo!

Lucas 18,9-14 Sucedió en Buenos Aires, Argentina. Leí la noticia la semana pasada, y casi se me desencajó mi sonriente quijada, como el policía aduanal de  Coco , la película; se me subieron los colores al rostro y vinieron a mi corazón varias preguntas. Una pareja gay adoptó a una niña de pocos meses de nacida. Es una historia común, en México y en Argentina, y creo que en casi todo el mundo donde hay libertad de expresión, que grupos que defienden ciertos valores se manifiesten en contra de que las legislaciones estatales aprueben la posibilidad de que las parejas del mismo género adopten niños, por las más diversas razones: por el equilibro psicológico, por la necesidad de que los menores cuenten con figuras de referencia tanto masculina como femenina y, en el plano religioso, porque es el plan de Dios y la pareja hombre-mujer la única querida por el Creador para la comunicación de la vida. Hubo previamente —y sigue habiendo— debates, marchas y protestas para que a estas pa...

Uno de cada diez

Lucas 17,11-19 Me llamarán subversivo. Y yo les diré: lo soy. Por mi pueblo en lucha, vivo. Con mi pueblo en marcha, voy. Tengo fe de guerrillero y amor de revolución. Y entre Evangelio y canción sufro y digo lo que quiero. Si escandalizo, primero quemé el propio corazón al fuego de esta Pasión, cruz de Su mismo Madero. Son versos de Pedro Casaldáliga, misionero claretiano, catalán nacido en 1928 y obispo en las Amazonas en los años sesenta y setenta. Poeta y profeta, construyó su vida al lado de los pobres y excluidos. Partidario de la teología de la liberación, fue acusado de subversivo y comunista. Eran tiempos difíciles para quienes se dejaban incomodar por los que sufrían injusticia y marginación, para quienes no preferían mirar para otro lado, para donde había poder y dinero, por ejemplo. La vida de Pedro Casaldáliga puede leerse —o verse en la versión cinematográfica— en la biografía escrita por un periodista compatriota suyo,  Descalzo sobre...

"¿A poco los indios piensan?"

Lucas 17,5-10 —¿A poco los indios piensan? Cualquiera pensaría que se trata de una pregunta hecha al inicio de la conquista, cuando el Obispo Las Casas se afanaba en demostrar que los indígenas eran seres humanos. Pero fue la pregunta que Francisco Larroyo, entonces Director de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, Doctor en Filosofía, neokantiano, lanzó al joven Miguel León Portilla, recién graduado de Maestro, en California. León Portilla había leído allá las traducciones que del náhuatl al español hizo el P. Ángel María Garibay K. Por respuesta, Miguel León  Portilla le recitó algunos de estos versos: — ¿Acaso somos verdaderos los hombres?, ¿acaso podemos decir palabras verdaderas?, ¿Acaso podemos dar un rumbo al corazón? Y remató: —¿No le parecen preguntas filosófico-poéticas? Parece que al corazón humano, herido de pecado, le cuesta creer en lo pequeño, en lo débil, en lo pobre. ¿A poco piensan los indios?, ¿a poco los pobres tienen derech...

Y, ¿para qué querría la Virgen del Consuelo una corona?

60º Aniversario de la Coronación Pontificia No es por echar a perder la fiesta de los 60 años de la coronación pontificia de la imagen de nuestra Señora del Consuelo, de nuestra Parroquia Josefina del Espíritu Santo, pero ¿para qué querría la Virgen una corona? Si la Madre del Señor, como bien dice el P. José Luis Sánchez, Misionero Josefino, hablando de la Virgen de Guadalupe, que fue llamada Emperatriz de las Américas por unas Hermanas Josefinas que dirigían una oración para nosotros, sus hermanos Misioneros, y el P. José Luis no llegaba al comedor, y cuando por fin llegó, disculpó su retraso diciendo que estaba evangelizando a las Hermanas que habían llamado emperatriz a la Morenita, como si fuera “pirrurrona de Polanco”, y que eso estaba muy mal porque la Virgen María era una mujer del pueblo. ¿Para qué querría una corona una mujer del pueblo? Alguno dirá que para empeñarla o venderla y tener algo de sustento para no preocuparse un largo tiempo, como se preocupan los pagan...

"¿Quieres ser mi amante?"

Lucas 14,25-33 Cierra los ojos. Imagina un espacio sin límites. Imagina los movimientos de una partida de ajedrez perfecta. Imagina que el número 4 pudiera decirse de muchas maneras diferentes. Imagina los acontecimientos infinitesimales que pueden conducir a que estalle la revolución en un país. Imagina una tribu que, por no saber contar, no planea nada que se prolongue más de un día. Imagina a Shakespeare descubriendo el número cero y las dimensiones de una ausencia. Imagina que pudieras leer un libro de una infinidad de maneras distintas.  Me llamo Daniel Tammet y soy sinestésico: percibo los números con colores y siluetas. En mi cabeza, contar es como pasear por un bosque. Tengo diagnosticado, además el síndrome del sabio: puedo aprender un idioma en una semana y recitar decimales del número pi durante cinco horas (por eso me dieron un Guinness). Los números primos poseen para mí la belleza de la poesía. Cada mañana me siento en mi escritorio  y me pregunto: ...

"¡Deleitarás a los ángeles!"

Lucas 14,1-24 He de confesar que vi  Jesucristo Superestrella … en el año 2001. Recuerdo particularmente la escena de la Última Cena, en la que los discípulos, jugando con telas enormes, representaron la mesa alrededor de la cual compartieron la Cena de despedida de Jesús, aquella en la que a través del Pan y del Vino, Jesús anticipó y ritualizó la muerte que sufriría en la Cruz horas más tarde. Fue una escena bellísima. Jesús, sin duda, fue un hombre de comidas y bebidas, en medio de un pueblo de comidas y bebidas. No es ninguna casualidad que los evangelios recuerden y muestren a Jesús compartiendo la mesa, el pan y el vino con sus amigos y sus discípulos. Tampoco es ninguna casualidad que Jesús externe muchas de sus enseñanzas mientras comparte la mesa.  Nuestros procesos pastorales en la parroquia —desde el kerigma, según la metodología de Alpha—, se llevan a cabo alrededor de una mesa, comiendo y bebiendo. Es la pedagogía de Jesús. Pero no es sólo un cuestión de ...

Por quién doblan las campanas

Lucas 13,22-30 Es feo eso del “espoiler”, que le llaman. Cuando te echan a perder la lectura o la película porque alguien te anticipa el final o información clave de la historia que, en su momento, te habría sorprendido. Homero Simpson espoileó a toda la fila que aguardaba para entrar a ver  La guerra de las galaxias , cuando salió del cine gritando: “¡Nunca me imaginé que Darth Vader fuera el papá de Luke Skywalker!” Desde la secundaria vengo arrastrando la intención de leer  Por quién doblan las campanas , de Ernest Hemingway. El título lanza una pregunta que me ha inquietado desde entonces. Y ahora que recibí el libro de regalo por mi cumpleaños, el Facebook de Canal 22, del que ya soy “fan destacado”, ¡lanza la portada de un libro de Charles Bukowski,  Por nadie doblan las campanas ! ¡Me sentí espoileado!  No es que yo quiera espoilear el evangelio, eso ya lo hicieron san Pablo y los mismos evangelistas, pero no hay necesidad de sentir la angustia de qui...