Lucas 14,25-33 Las palabras de Jesús son aparentemente duras. Viendo que lo sigue mucha gente, se dirige a sus seguidores para plantearles el alcance de sus exigencias. Lo primero que les pide es el odio a la propia familia. Apenas ayer la Iglesia celebró una jornada de ayuno y oración por la paz en todo el mundo, particularmente en Siria; apenas ayer volvíamos a sentir la necesidad de recuperar la reconciliación y el diálogo como los medios que Dios nos da para el entendimiento y la construcción de la gran familia humana, y ahora Jesús utiliza el duro lenguaje del odio y, peor aún, el odio hacia la familia. Para entender estas palabras, hay que situarnos en el contexto de la sociedad de entonces. En la época de Jesús, la persona era entendida más en términos de grupo o de familia que de individuo, por eso no era tan extraña, como ahora nos parece, la idea de que Dios castigara en los hijos los pecados de los padres. Una persona se definía y sólo podía comprenderse como par...