Mateo 21,33-46 Seguimos en la misma secuencia narrativa de la semana pasada. Tras la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén, los sacerdotes y ancianos del Templo lo confrontaron. Jesús se defendió y les espetó tres parábolas, la primera fue la de los dos hermanos hijos del dueño de la viña; la segunda es la de los viñadores asesinos. Les dijo Jesús que el dueño de una hacienda plantó una viña, la rodeó con una cerca, construyó un lugar para producir el vino, edificó una torre, la arrendó a unos viñadores y se ausentó. Al llegar la cosecha envió criados a los viñadores, pero éstos hirieron a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. Envió el dueño nuevamente a otros criados, pero hicieron lo mismo con ellos. Finalmente el dueño envió a su hijo, pensando que a él sí lo respetarían, pero los viñadores pensaron que, siendo el hijo, era el heredero, así que lo mataron para quedarse con la herencia. Jesús preguntó entonces a los sacerdotes y a los ancianos qué haría el señor de la viña...