Ir al contenido principal

Entradas

Viñadores homicidas

Mateo 21,33-46 Seguimos en la misma secuencia narrativa de la semana pasada. Tras la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén, los sacerdotes y ancianos del Templo lo confrontaron. Jesús se defendió y les espetó tres parábolas, la primera fue la de los dos hermanos hijos del dueño de la viña; la segunda es la de los viñadores asesinos. Les dijo Jesús que el dueño de una hacienda plantó una viña, la rodeó con una cerca, construyó un lugar para producir el vino, edificó una torre, la arrendó a unos viñadores y se ausentó. Al llegar la cosecha envió criados a los viñadores, pero éstos hirieron a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. Envió el dueño nuevamente a otros criados, pero hicieron lo mismo con ellos. Finalmente el dueño envió a su hijo, pensando que a él sí lo respetarían, pero los viñadores pensaron que, siendo el hijo, era el heredero, así que lo mataron para quedarse con la herencia. Jesús preguntó entonces a los sacerdotes y a los ancianos qué haría el señor de la viña...

Los hijos y la voluntad del Padre

Mateo 21,28-32 Jesús se encuentra en el Templo de Jerusalén, ha expulsado de ahí a los vendedores, como signo de que el amor de Dios no se compra; ha entrado en un conflicto directo y de frente con los representantes del poder religioso. Los sacerdotes y los ancianos entran en escena para preguntarle con qué autoridad ha hecho esto. Jesús les responde con otra pregunta, quiere saber qué piensan ellos sobre el bautismo de Juan, de dónde venía, del cielo o de la tierra. Ello razonan que si decían que del cielo, les preguntaría porqué no le creyeron; y si decían que de la tierra, la gente les reclamaría, pues tenían a Juan por un profeta, así que mejor dijeron que no sabían. Jesús les dice que él tampoco les dirá con qué autoridad ha expulsado a los vendedores del Templo. Pero la escena no termina ahí. Inmediatamente, Jesús cuenta una parábola a los sacerdotes y a los ancianos del Templo. La historia de dos hijos a los cuales su padre envió a trabajar a su viña. El primero dijo ...

Nueva familia, nueva justicia social

Mateo 20,1-16 Una parábola interasantísima, que desasfortunadamente en la Eucaristía dominical leemos fuera de su contexto. Todo el evangelio de san Mateo pretende quiere ayudarnos a vivir como discípulos de Jesús, modelando un estilo de vida marginal y a la contra. Cuando el evangelio se escribió, alrededor del año 80 d.C, quizá un poco después, la comunidad cristiana de Antioquía, donde se redacta este evangelio, vive un fuerte conflicto de separación ante el judaísmo; también vive en medio del Imperio Romano. La comunidad cristiana debe vivir de acuerdo a una escala de valores distinta a la que impulsaban judíos y romanos, escala de dominación patriarcal machista, donde el varón domina sobre la mujer, el padre sobre los hijos, el amo sobre el esclavo, donde la riqueza se busca y se acumula como una bendición de Dios.  Frente a esta situación, los seguidores de Jesús deben aprender a vivir de acuerdo con las enseñanzas del Señor, y han contemplado a lo largo del evangelio,...

Sobre el perdón y la compasión

Mateo 18,21-35 Es un texto clásico sobre el perdón. Pedro que se acerca a Jesús para preguntarle cuántas veces tiene que perdonar al hermano que lo ofende, ¿hasta siete veces? Perdonar siete veces era un gesto realmente generoso, todo vez que la ley pedía perdonar hasta cuatro. Jesús le responde ¡que hasta setenta veces siete! Hasta aquí todo va bien, entiendo que Jesús no está simplemente ampliando el límite numérico del perdón a 490 veces, lo que está pidiendo es un cambio de actitud, de manera que estemos dispuestos a perdonar sin contar las veces en que lo hacemos, el número siete es un símbolo de plenitud, de modo que si setenta veces siete no significa siempre, significa infinitamente. Hasta aquí todo bien. Luego sigue una parábola que ilustra el perdón, pero que resulta más bien problemática. Un rey que ajusta cuentas con sus siervos; le presentan a uno que le debe una suma desorbitante, el equivalente a la suma de los impuestos de una región como Galilea, quizá un subalt...

Rupturas y comunión

Mateo 18,15-20 Para mí esta semana que ha pasado ha sido una semana de rupturas. Primero el Mohicano, al que llevé al encuentro de su vida y su destino en un rincón literario de la geografía jalisciense, escenario del llano en llamas. La segunda, con mi abuelo paterno, que partió lejos, lejos, hasta la casa del Padre. Los traigo a la mente primero porque acabo de vivir ambos momentos, y los viví con dos o tres horas de distancia; y porque el pasaje del evangelio de Mateo habla de las relaciones restauradas y la unidad de los seguidores de Jesús. El texto, como en otras ocasiones, forma parte de un contexto más amplio. Antes de esto, Jesús advierte a los suyos de cuidar con especial consideración a los más pequeños de la comunidad; más adelante continuará hablando sobre la necesidad del perdón, y del perdón como gesto profundo de reconciliación que restablece las relaciones fraternas entre los discípulos del Señor. Tradicionalmente, a la primera parte de este fragmento se le...

Tomar la cruz

Mateo 16,21-27 La escena es la inmediata continuación del diálogo de Jesús con Pedro tras la pregunta por la identidad de Jesús, escena con la que ha concluido el tercer bloque narrativo del evangelio, que precisamente trata de la identidad de Jesús. Al reconocimiento del amor y de la bondad de Jesús, desplegada en el poder salvífico del Reino predicado y practicado por Él, sigue ahora un nuevo desarrollo en la narración: el anuncio de la futura muerte en cruz, pero también de la resurrección. Y la consecuente invitación y advertencia a seguir a Jesús cargando con la propia cruz. Parece que la intención es la de evitar todo triunfalismo. Apenas en la escena anterior Jesús acepta ante Pedro que efectivamente Él es el Mesías, y le dice que esto se lo ha revelado el Padre, y que él, Pedro, es piedra sobre la que edificará la Iglesia. Ahora reprende a Pedro, cuando éste quiere hacerle desistir del camino de cruz, y hasta lo llama Satanás. Pero no lo rechaza, sino que le recuerda que fu...

Las llaves de san Pedro

Mateo 16,13-19 Dos preguntas, y las dos giran en torno a la identidad de Jesús. De eso trata la escena, y varias de las escenas anteriores, que tenían como objetivo mostrar el despliegue de las acciones y las palabras de Jesús, y dejar que el lector fuera determinando quién es Jesús, el Hijo de Dios que vino a hacer presente su Reino. Sin duda. Lo interesante es que Jesús lance la pregunta cada vez más directamente. Primero investiga qué dice la gente; después, qué dicen los discípulos y con ellos el lector del evangelio. Pedro responde a nombre de los demás, reconociendo el carácter de Mesías que tiene Jesús. A continuación, Jesús da a Pedro las llaves del Reino de Dios. Hasta este momento, Pedro es el gran personaje dentro del grupo de seguidores, el portavoz de la comunidad. Incluso, en esta escena, más importante que las famosas llaves de san Pedro, es el hecho de la intención de Jesús de conformar una comunidad. Dos capítulos más adelante en el evangelio, la promesa de las l...