Ir al contenido principal

Entradas

Dinero y misericordia

Lucas 16,1-13 Dice el Papa Francisco que el mensaje del Evangelio es un mensaje de salvación y, en consecuencia, el mensaje de la Iglesia también debe ser siempre un mensaje de salvación. El texto de san Lucas es a todas luces salvador. A primera vista parece un texto centrado sólo en el dinero, en la necesidad de que el dinero sea administrado siempre, fielmente, no sólo con honestidad, sino también con eficiencia, tal como se deduce de la habilidad del administrados o mayordomo de la parábola que nos cuenta Jesús. Pero si nos quedamos aquí, a lo mejor tenemos que darle la razón a Susanita. Viendo a dos niños que pedían limosna, Mafalda fue al botiquín de su casa, tomó un curita, y se preguntó: "Bueno, ¿y cómo hace uno para pegarse esto en el alma?". Más tarde se encontró con Susanita, y ésta le dijo: "A mí también me lastima ver gente pobre, ¡créeme! Por eso, cuando seamos señoras, nos asociaremos a una fundación de ayuda al desvalido, ¡y organizaremos banquetes en ...

María: Consuelo y Esperanza de Dios

Juan 19,25-27 La escena es apenas un momento de la larga secuencia de la pasión y muerte de Jesús en la cruz. El testimonio del Discípulo Amado nos presenta a María de Nazaret, con María de Cleofás, María Magdalena y el mismo Discípulo Amado contemplando al Hijo Crucificado. Serán testigos de su costado herido, de su corazón traspasado. La imagen del Santuario de nuestra Señora del Consuelo, en la Parroquia del Espíritu Santo, quiere retratar de cuerpo completo a María en estos momentos. Es una imagen que se contempla en silencio. Nosotros usamos la palabra "consuelo", para decir que queremos aliviar la pena o el dolor de alguien. Y no pocas veces la usamos casi como sinónimo de "resignación". Pero no me imagino al Discípulo Amado o a María Magdalena queriendo consolar a María; no me imagino qué palabras podrían haber utilizado. Ni siquiera me atrevo a imaginarlos rompiendo el silencio con que María contempla la escena, con su propio corazón también herido y ...

Violencia y seguimiento

Lucas 14,25-33 Las palabras de Jesús son aparentemente duras. Viendo que lo sigue mucha gente, se dirige a sus seguidores para plantearles el alcance de sus exigencias. Lo primero que les pide es el odio a la propia familia. Apenas ayer la Iglesia celebró una jornada de ayuno y oración por la paz en todo el mundo, particularmente en Siria; apenas ayer volvíamos a sentir la necesidad de recuperar la reconciliación y el diálogo como los medios que Dios nos da para el entendimiento y la construcción de la gran familia humana, y ahora Jesús utiliza el duro lenguaje del odio y, peor aún, el odio hacia la familia. Para entender estas palabras, hay que situarnos en el contexto de la sociedad de entonces.  En la época de Jesús, la persona era entendida más en términos de grupo o de familia que de individuo, por eso no era tan extraña, como ahora nos parece, la idea de que Dios castigara en los hijos los pecados de los padres. Una persona se definía y sólo podía comprenderse como par...

El lugar de Dios

Lucas 14,1.7-14 (Lucas 14,1-24) Aparentemente estamos ante una enseñanza de tipo sapiencial de Jesús, algo así como las moralejas de las fábulas. Pero creo que estamos en el centro de una discusión mucho más profunda. Porque en primer lugar, no estamos ante una escena en la que Jesús se le haya ocurrido dar una lección en torno a la humildad. Más bien estamos frente a una escena de debate donde lo que está en juego es el actuar mismo de Dios. Y si como decían desde antiguo los filósofos, al hacer precede el ser, o el hacer se deriva del ser, entonces estamos asistiendo a un debate sobre el ser mismo de Dios. La liturgia nos presenta sólo una breve selección de una escena mucho más amplia. Todo comienza cuando Jesús entra a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y era un sábado. Había otros fariseos más, y todos estaban acechando a Jesús. Frente a él había un enfermo de hidropesía, y Jesús lanzó una provocadora pregunta: "¿Se puede sanar en sábado, o no? Se quedar...

Los que se salvan

Lucas 13,22-30 Una escena que tiene lugar mientras Jesús va de camino a Jerusalén. Alguien le pregunta por el número de los que se salvan. Me imagino que en aquel ambiente de expectación mesiánica, donde la llegada Mesías estaba asociada al fin del fin del mundo, era muy parecido al de nuestros días, en los que hay gente que creído de verdad en las diferentes fechas que se le han puesto al apocalipsis final, la última apenas el pasado viernes 23, según las profecías del ruso Rasputín, que no por nada es el prototipo del monje loco. A más de uno en estas circunstancias se le habrá venido a la mente la pregunta por el número de los que se van a salvar. La pregunta en sí es todavía más particular. No le preguntan a Jesús cuántos son los que se van a salvar, así que no vale la apocalíptica respuesta de 144 mil. Le preguntan si son pocos los que se salvan. Para dar una respuesta correcta y educada, Jesús sólo tenía que decir "sí" o "no", pero Jesús no dijo ni ...

El Fuego de Jesús

Lucas 12,49-53 "¡He venido a traer fuego a la tierra, y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!" Yo recuerdo que hace algunos años, para el encuentro de la Familia Josefina, el encuentro que tenemos hermanas josefinas, misioneros y laicos josefinos, se tomó este pasaje del evangelio, con el lema: "El fuego que inició en Nazaret", y en el cartel publicitario se veían al fondo unas grandes llamas de fuego, y sobre ellas, creo que en la esquina superior izquierda, las fotos de la Madre Cesarita y del Padre Vilaseca, y a mí me parecía más bien una especie de invitación a rezar para sacarlos del purgatorio. Porque en nuestro imaginario religioso tenemos asociada la imagen del fuego con la purificación; y la purificación, con el castigo. En el evangelio de san Lucas, Juan el Bautista amenaza con el fuego; los discípulos rencorosos que no fueron bien recibidos en Samaria querían hacer llover fuego del cielo para castigar a los samaritanos. Aquí podemos hacer caso a...

Rebaño de Jesús

Lucas 12,32-48 Un día en casa Mafalda buscó a su papá, y lo encontró pegado a la radio, escuchando angustiado y tembloroso el partido de futbol; de ahí se fue al cuarto de su mamá, y la encontró con los tubos en la cabeza y el peine en la boca tratando afanosamente de conseguir un peinado; Mafalda fue a sentarse a un rincón de la casa, y con cara de desilusión se dijo: "A veces me pregunto si estoy en buenas manos." A diferencia de Mafalda, a nosotros Jesús nos invita a la confianza y nos transmite una seguridad impresionante: "No temas, rebañito mío, porque tu Padre te ha dado su reino." Aunque la realidad, a veces absurda en que vivimos parezca decir lo contrario, más en estos tiempos en que los grandes delincuentes pasan de la cárcel a sus casas y a nuestras calles, hoy tenemos que fortalecer nuestra fe en que estamos en las manos de Dios, somos hijos del Padre y rebaño del Señor. Más aún, hemos de creer que el Reino Dios se nos ha dado; somos portadores...