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Por quién doblan las campanas

Lucas 13,22-30 Es feo eso del “espoiler”, que le llaman. Cuando te echan a perder la lectura o la película porque alguien te anticipa el final o información clave de la historia que, en su momento, te habría sorprendido. Homero Simpson espoileó a toda la fila que aguardaba para entrar a ver  La guerra de las galaxias , cuando salió del cine gritando: “¡Nunca me imaginé que Darth Vader fuera el papá de Luke Skywalker!” Desde la secundaria vengo arrastrando la intención de leer  Por quién doblan las campanas , de Ernest Hemingway. El título lanza una pregunta que me ha inquietado desde entonces. Y ahora que recibí el libro de regalo por mi cumpleaños, el Facebook de Canal 22, del que ya soy “fan destacado”, ¡lanza la portada de un libro de Charles Bukowski,  Por nadie doblan las campanas ! ¡Me sentí espoileado!  No es que yo quiera espoilear el evangelio, eso ya lo hicieron san Pablo y los mismos evangelistas, pero no hay necesidad de sentir la angustia de qui...

¿Y si dejamos el Ángel como quedó?

Lucas 12,49-53 Independientemente de lo que pueda pensar, que pienso mucho, sobre los bancos y el sistema bancario, me gustan en general las conferencias de Aprendamos juntos , patrocinadas por BBVA. En unas de las últimas, José Manual Zapata, tenor español, diserta sobre la música y la importancia de educarnos en la buena música. Comienza su charla haciéndonos escuchar los latidos de un feto llamado Iñaki, de 6 semanas, acelerados, 160 por minuto. Nos dice que la música tiene ritmos, y uno acelerado como el del corazón de Iñaki, se llama  allegro . Después escuchamos empalmados los latidos de Iñaki con el  Réquiem  de Mozart, la música para un funeral. Con ello, nos dice, que sólo quiere mostrar cómo es que la música, una misma música, la buena música, nos acompaña desde el nacimiento hasta la muerte. A esto de la música que acompasa nuestra vida, a la música que nos pone en la misma sintonía a unos con otros, a esta música que nos iguala a unos y otros, Jesús la ll...

Como un "cualquiera"

Lucas 12,32-48 —Me siento mal; creo que amanecí mal—, nos dijo una mañana el P. Parrita en el desayuno, cuando era novicio, en el 2003. Parrita no era parte de la comunidad del noviciado, pero estuvo ahí un largo tiempo de convalecencia, mientras se recuperaba de una peligrosa operación a corazón abierto.  —¿Qué tiene?­—, le preguntamos. —No sé— respondió­— Yo creo que baja autoestima; me siento como cualquiera de ustedes. Miguelito Piti, el amigo de Mafalda, como Parrita, tampoco suele padecer baja autoestima. Un día, la maestra pasaba lista, mencionando a cada alumno por su apellido.  —Jáuregui —¡Presente!—, respondió uno levantando la mano. —Licastro —¡Presente! —Nardone —¡Presente! —Piti —¡Clap, clap, clap!— Miguelito aplaudió sonora y entusiastamente por toda respuesta. Dios no tiene complejos ni baja autoestima. No le molestó hacerse como cualquiera. A nosotros no nos gusta ser cualquier cualquiera. Hemos sido educados para ser alguien, p...

Un mediodía, de domingo y julio

Lucas 9,51-62 No siempre quise ser sacerdote ni misionero josefino. Lo quise muchas veces, desde niño. Sin saber a ciencia cierta si lo sería, tomé la decisión de intentarlo un mediodía de domingo y julio, en la moderna Catedral de Ciudad Obregón, en Sonora. Afuera hacía un calor de 42 grados; adentro, el aire acondicionado lograba un ambiente agradable. Afuera y adentro son categorías fáciles cuando hablamos de lugares. Pero cuando se habla del corazón y de la voz de Dios, afuera y adentro se confunden; ahí no hay programa de Plaza Sésamo que valga. ¿De dónde venía la voz que yo escuchaba y que decía “Sígueme”, del sacerdote revestido de verde que proclamaba la Palabra en el ambón, al centro, uno poco a la izquierda; o de dentro del corazón de ese joven de 20 años, de bermuda azul y playera tipo polo color hueso, que escuchaba de pie con los ojos cerrados? Pienso en Simón Pedro y en su hermano Andrés, en Santiago y su hermano Juan, los hijos de Zebedeo, que escucharon esa mis...

"No he querido saber..."

Lucas 9,18-24 “No he querido saber, pero he sabido.” Con estas palabras inicia Javier Marías su novela  Corazón tan blanco . Eso que el protagonista de la novela no ha querido saber, pero ha sabido, es el suicidio de su imposible tía Teresa, la mujer con la que se casó su padre, antes de casarse con la hermana de Teresa, la madre del protagonista. Suena a chisme, y de esta necesidad de contar los chismes de los que nos hemos enterado sin querer, todos tenemos más de un ejemplo. Unos más que otros. Susanita, por ejemplo. Un día dijo Manolito a Felipe, en la calle: “¿Sabés que en la otra cuadra ponen una juguetería?”. Felipe caminó y se encontró con Susanita, y le comunicó la gozosa noticia: “¿Sabés que en la otra cuadra ponen una juguetería?” Susanita corrió y se encontró con Mafalda, y le dijo: “¿Sabés que en la otra cuadra, al lado del sastre que le hizo el traje de casamiento al hijo de la manicura y la noche de la boda quería cobrárselo en la Iglesia porque el otro se había...

Perfume de gardenias: La fragancia de su Aliento

Domingo de la Santísima Trinidad Está escrito en más de una pared de la ciudad que uno siempre vuelve a los lugares donde fue feliz. No sólo geográficamente. El corazón también sabe de viajes, y a él no le importan las leyes de la física que hacen imposible viajar en el tiempo. A mí me ocurre con frecuencia. La muerte, el lunes pasado, de Pepe Bustos, la risueña y extravagante cabellera cada vez más blanca de la Sonora Santanera, me llevó al cuarto de mi infancia, un domingo por la mañana, me sacó al patio, me hizo subir las escaleras negras de metal, con algunos peldaños mal soldados, y entrar por la cocina de mi tía Caro al comedor, a la barbacoa traída de Mixcoac por mi tío Jorge y mi papá, mientras las bocinas adornaban el aire con el ritmo de “Perfumes de Gardenias” y las “Luces de Nueva York”. Una mañana se peinaba Manolito frente al espejo, muy enojado, quejándose: “¡Los principales ríos del mundo! ¿Para qué corchos tenemos que aprender los principales ríos del mundo?...

Para ser el más grande

Juan 13,31-35 “El mayor peligro para la mayoría de nosotros no es que nuestra meta sea demasiado alta y no la alcancemos, sino que sea demasiado corta y la consigamos. Yo quiero ser como Leonardo da Vinci. Quiero ser inmortal.” Son palabras de Miguel Ángel al Papa Pío IV, en la novela  Matar a Leonardo da Vinci , de Christian Gálvez. En la misma novela, hacia el final, Miguel Ángel se dirige a Leonardo con estas palabras: “Para ser el más grande, necesito que me comparen con los más grandes, y tú, Leonardo, eres uno de ellos. No puedo permitir que desaparezca aquel a quien quiero superar. No puedes morir. No ahora, no así.” Parece que quienes llevan el nombre de Miguel Angel tienen este sentido de grandeza. Al menos Miguelito, el amigo de Mafalda. Un día, vio en el parque una fila de hormigas que subían a un árbol. Se acercó a ellas y les preguntó: “¿Alguien de ustedes se llama Miguelito?” Tras la indiferencia frente a su pregunta, siguió su caminata, mientras se decía: “E...